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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoPREOCUPACIÓN POR LAS EXPORTACIONES LÁCTEAS
07/ago/2010

No en vano se ha legislado al respecto y es porque problema existe y los contaminantes también, por lo tanto no debemos esperar si podemos subsanar esto de antemano. Se puede, y se debe, garantizar una protección eficaz de la salud pública y de nuestra producción. Después, podría ser tarde.

Por: Juan José Salgado (*)

En la zona de Villa María hay gran preocupación por el futuro de las exportaciones de productos y derivados de la leche y de la carne.

Específicamente en lo que a leche se refiere, la cuenca láctea de Villa María, es históricamente de significativa importancia y de un marcado reconocimiento a nivel nacional, basta mencionar cuando en la década del 70 existían unos 200 establecimientos recibidores en tan sólo un radio de 50 kms alrededor de la citada localidad, entre fábricas, procesadoras, recibos y enfriadoras.

Hoy, su número y lejos de hacer un análisis profundo, se ha ido reduciendo significativamente por diversos motivos políticos y económicos. No obstante, sigue teniendo su importancia y trascendencia productiva, técnica, económica y social, donde conviven pequeñas fábricas casi desde lo artesanal, hasta las grandes usinas, pasando por infinidad de Pymes, tal es así que existen organizaciones y cámaras que agrupan a estas últimas. Muchas de ellas están actualmente exportando, están en condiciones de exportar o están en proceso de certificación para hacerlo, amén de la leche que se recolecta en esta cuenca y que es procesada en otras zonas y aún en otras provincias, también exportada desde allí como producto elaborado.

Cuando hablamos de trazabilidad en los alimentos, sistema por el cual se puede recuperar la historia del alimento, su utilización, localización y origen por medio de códigos registrados, se observa que esto está en expansión en el mundo entero, y que en la U.E. (Unión Europea) por ejemplo, la trazabilidad de los alimentos se ha convertido en una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos. Para la U.E. es primordial el papel en el mantenimiento del máximo nivel de seguridad y calidad de los alimentos y de otros aspectos como ley Bioterrorista, legislación europea, eficiencia en los procesos productivos, lugar de origen y procedencia, etc. Además es indispensable conocer la trazabilidad de toda la producción a los efectos de un control sanitario de lo que ingiere la comunidad, como lo es para nosotros aún el hecho de seguir siendo competitivos en esta materia. En la producción moderna no se concibe un producto sin sus datos de trazabilidad.

La preciada y presumida cuenca lechera de referencia, será en poco tiempo, el epicentro de la instalación de una planta de incineración de basura, la cual se proveerá además con los desperdicios comunitarios de la región. Esta planta debe abastecerse de unas 500 Toneladas diarias de RSU, además de unas 10 a 25 Tn. diarias de neumáticos precisos para conseguir la ecuación calorífica necesaria como ayuda a la incineración o cualquiera de sus variantes, ya sea gasificación, pirólisis o como intenten disfrazar su significado.

El efecto y el impacto medioambiental por tamaña cantidad de basura, no sólo será la visible (moscas, roedores, pilas de basura, cenizas, desperdicios, etc) sino que uno de los más preocupantes, son los efectos no visibles e indeseados, y esto es la emanación de gases y micropartículas de dioxinas, furanos y hexaclorobenceno (sustancias altamente contaminantes y venenosas), los gases que producen efecto invernadero, los subproductos de la incineración (cenizas) y del filtrado, etc.

Las dioxinas y los furanos son un conjunto de sustancias organocloradas, lipofílicas, bioacumulables y persistentes que se van depositando en las grasas de origen animal, ya sea carne o leche. Estas sustancias viajan por el aire y se esparcen por el campo, poseen gran persistencia una vez en el organismo, y un sin número de problemas que brevemente se detallan a continuación:

• Los procesos de incineración de residuos generan emisiones atmosféricas de contaminantes orgánicos e inorgánicos, de muy difícil control, en forma de gases y micropartículas. Su dispersión puede darse a escala local o regional y su posterior deposición puede significar un riesgo al patrimonio ambiental o a otras actividades productivas.

• Las dioxinas son contaminantes ambientales que tienen el dudoso honor de pertenecer a la «docena sucia»: un grupo de productos químicos peligrosos que forman parte de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (COP) de elevado potencial tóxico. La experimentación ha demostrado que afectan a varios órganos y sistemas. Una vez que han penetrado en el organismo, persisten en él durante mucho tiempo gracias a su estabilidad química y a su fijación al tejido graso, donde quedan almacenadas. Su vida media en el organismo oscila entre 7 y 11 años.

• En teoría existen 75 PCDD y 135 PCDF conocidos, dependiendo del número y la posición de los átomos de cloro. Estas sustancias se transportan fácilmente a través de la atmósfera a otras zonas, por lo tanto la deposición de estos contaminantes en pastizales y en tierras laborables, es una de las principales vías de acceso a la cadena alimenticia, y de ahí a los lácteos y la carne del ganado. El problema pasa a ser además regional, provincial y nacional.

• En 2002 la dioxina 2,3,7,8-TCDD fue clasificada como carcinógeno humano por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia para el Estudio del Cáncer (IARC) y la Agencia para la Protección del Ambiente de Estados Unidos (US EPA). El Departamento de Salud y Servicios Humanos (DHHS) ha determinado que se sabe que la 2,3,7,8-DDTC produce cáncer.

• A este tóxico también se lo llama la hormona ambiental, ya que afecta el desarrollo normal y el crecimiento de aves, peces, reptiles, anfibios y mamíferos incluyendo los humanos. Además, produce efectos negativos sobre el sistema nervioso central, el inmunitario, el hormonal endocrino (todas las glándulas de secreción interna, como la hipófisis, por ejemplo) y el reproductivo, impidiendo el desarrollo de los juveniles (crías) y causando una gran variedad de cánceres.

• La exposición breve del ser humano a altas concentraciones de dioxinas puede causar lesiones cutáneas, tales como acné clórico y manchas oscuras, así como alteraciones funcionales hepáticas. La exposición prolongada se ha relacionado con alteraciones inmunitarias, del sistema nervioso en desarrollo, del sistema endocrino y de la función reproductora. La exposición crónica de los animales a las dioxinas ha causado varios tipos de cáncer.

• El feto es particularmente sensible a la exposición a las dioxinas. El recién nacido, cuyos órganos se encuentran en fase de desarrollo rápido, también puede ser más vulnerable a algunos efectos.

• La TCDD se acumula fuertemente en todos los organismos vivos a través de la cadena alimenticia, con factores de concentración del orden de 2000 a 9000 (según datos internacionales) para varios tipos de ellos (se la ha detectado en leche, huevos y peces).

• Los órganos principalmente afectados son el hígado y el timo. Los estudios reportaron los siguientes síntomas: pérdida de peso, hemorragias intestinales, inducción enzimática, inmunotoxicidad, toxicidad dérmica, teratogénesis, carcinogénesis y fallas reproductivas.

• Pueden provocar problemas de reproducción y desarrollo, afectar el sistema inmunitario, interferir con hormonas y, de ese modo, causar cáncer, una disminución de los niveles de la hormona masculina testosterona; un aumento de la incidencia de diabetes; daños sobre el desarrollo y alteraciones en las funciones endócrina e inmunológica. Una mujer embarazada, con dioxinas en su cuerpo, puede causar cambios irreversibles en el desarrollo de los sistemas nervioso central, inmunológico, reproductivo y endócrino del bebé. Las dioxinas presentes en el cuerpo de una mujer también pueden pasar al lactante a través de su leche.

• “…incremento de la presencia de Endometriosis, enfermedad del tejido del endometrio al lado de los ovarios, el incremento de esta patología que ya afecta a un 5% de la población femenina, había permanecido invisible, hasta que se ha reconocido el papel que juegan las dioxinas ambientales, presentes en agua, aire y alimentos” (Min. Salud España)

• Se ha observado que los niños expuestos a las dioxinas y furanos a través de la leche materna presentan alteraciones en los niveles de la hormona de la tiroides y déficit neurológico (ATSDR, 1998).

• La dioxina 2,4,5-T es uno de los componentes del Agente Naranja, arma química utilizada por Estados Unidos en la Guerra de Vietnam.

• La provincia de Santa Fé , sabiamente, legisló prohibiendo la incineración y sus variantes.

Por ello, al consumir alimentos de origen lácteo y/o cárnicos provenientes de zonas contaminadas, tanto está en riesgo la salud de los argentinos, como la seguridad alimentaria de los países destino de nuestras exportaciones. Por ejemplo en los últimos años, se ha visto en argentina un importante crecimiento en las exportaciones avícolas, y esto no es sólo por razones competitivas y de precios relativos, sino porque además , al ser nuestro país libre de gripe aviar, se consolidó una demanda y una preferencia de los pollos argentinos en el mundo. Pero qué pasará entonces con nuestras carnes, quesos y leche en polvo de seguir con esta estrategia de lo que algunos se aferran en querer llamar “progreso” ; ya que a nuestro entender, el desarrollo debiera considerar fundamentalmente no dañar la evolución sustentable de nuestra expansión , transformándose en un retroceso del perfil de nuestro país.

Otras plantas de incineración masiva pretenden instalarse en las localidades de Río Cuarto, Córdoba, San Francisco, dejando a nuestra provincia como el principal foco de emanaciones tóxicas y contaminantes, como la principal fuente de dioxinas, furanos y hexaclorobencenos. Está comprobado que las plantas de incineración y de gasificación como estas, tienen los mismos impactos negativos que las plantas de incineración convencionales y ningún beneficio adicional, y aparte de lo expresado anteriormente en cuanto a que emiten sustancias tóxicas persistentes al ambiente que afectan la salud y de muy difícil control; se puede demostrar que tienen baja eficiencia en términos de recuperación de energía, emiten Gases de Efecto Invernadero (GEI), compiten con los programas sustentables de reciclaje , desincentivan la reducción en la generación de desechos y generan gastos desproporcionados e injustificados a las ciudades o municipios. Aunque se presenta a las incineradoras como fuentes de “energía verde”, no lo son. Además, la eficiencia energética de las incineradoras es baja: consumen energía los procesos de pre tratamiento como la trituración y secado; además, como trabajan en ambientes de reducción de oxígeno, es necesaria más energía para mantener su funcionamiento y deben emplear combustibles auxiliares como el gas natural, gasoil o aceites desclasificados, el mencionado neumático molido, etc. ; incluso el argumento de que la basura es una fuente de energía renovable tampoco es verdadero, ya que una parte de la misma, por ejemplo los plásticos, está compuesta por materiales derivados del petróleo. El valor calorífico de los residuos urbanos se debe en gran medida a los plásticos. Por otro lado, una planta incineradora moderna con producción de energía eléctrica emite más CO2 por kilovatio hora generado que una central térmica de carbón (Agencia Ambiental de Estados Unidos).

Cada día se conoce más de el efecto negativo en la salud de estos potentes contaminantes, hasta ahora poco estudiados. Basta mencionar que la U.E. en su Reglamento Nº 1881 y su última modificación del año 2006, comienza diciendo : “es necesario volver a modificar el contenido máximo de determinados contaminantes a fin de tener en cuenta la nueva información” . Este reglamento contiene, entre otras cosas, un apartado especial: la Sección 5 “Dioxinas y PCBs” que tabula los niveles máximos tolerados de estos contaminantes, y se enumeran en éste las solamente las carnes y derivados, la leche cruda y productos lácteos, los huevos , los pescados y las grasas, incluso prohíben el ingreso y recomiendan “deberían ser excluidas de la dieta” y “garantizar que estos productos no se comercialicen en los estados miembros” de pescados procedentes de determinada zona del mar báltico, fuertemente contaminados con estas sustancias.

No en vano se ha legislado al respecto y es porque problema existe y los contaminantes también, por lo tanto no debemos esperar si podemos subsanar esto de antemano. Se puede, y se debe, garantizar una protección eficaz de la salud pública y de nuestra producción. Después, podría ser tarde.

(*) Presidente de la Filial Villa María de Federación Agraria Argentina

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