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Turismo Rural y Naturleza
 
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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoUn enorme vivero de cáctus y suculentas, nuestro candidato a las siete maravillas de la Argentina
04/nov/2019

La de las siete maravillas naturales argentinas es una iniciativa para elegir “los siete lugares más impactantes y distintivos en todo el país”.

Por: Matías Longoni

Si la votación todavía estuviera habilitada y se dejara competir a entornos creados por el hombre, este enorme vivero especializado en cactus y suculentas perfectamente podría aspirar a ser parte de la compulsa. Bajo la cobertura plástica, el paisaje que ofrece es maravilloso. Decididamente este lugar nos ha impactado.

Primero unas fotos que Bichos de Campo tomó en el lugar, como para que entiendan de qué estamos hablando:

La empresa se llama Cactus Calchines y está ubicada en Santa Rosa de Calchines, en la llamada “costa santafesina”, unos 80 kilómetros al noreste de la capital de Santa Fe. Llegamos al lugar de la mano de la gente del Ministerio de la Producción de la Provincia. Su fundadora es la floricultora Cinthya Balagna, a quien no pudimos conocer porque ese día estaba preparando “una carga” fuera de su inabarcable vivero. Hay que imaginarse lo complicado que debe ser preparar un envío de cactus de muy diversa forma y tamaño. Pero ella lo hace: con transporte propio distribuye sus criaturas por todo el país, desde Salta en el norte hasta Bahía Blanca en el sur.

Como Cinthya no estaba y como su esposo, Federico Arnoldt, es parco para las cámaras y tiene su propio vivero de plantas convencionales a unas cuadras de este lugar, quien ofició de vocero de Cactus Calchines fue Agustín, el hijo de ambos, que ya está trabajando en el lugar con apenas 18 años, va a estudiar Informática y quiere hacer una aplicación para ordenar la caótica comercialización de cactus de la empresa familiar.

Mirá la entrevista con Agustín Arnoldt:

(Ver video https://www.youtube.com/watch?time_continue=24&v=MNaQgIJNjGg

En el establecimiento se realiza todo el proceso de producción de cactus y suculentas. Arranca desde las semillas, que en general son importadas. En la sección del criadero, esas semillas germinan en unas bandejas envueltas en film y expuestas a mucha luz las 24 horas del día. Luego, en la “nursery” cada plantita se transplanta a un “plac”, para que empiece a echar raíces. Luego se pasan a macetas que varían de tamaño según cada especie.

“Son más de mil especies de cactus, y después hay suculentas, crasas, rosas del desierto”, enumera Agustín. Cada una de ellas necesita de un cuidado especial y la única que parece tener todo en la cabeza es Cinthya. Ella luego va instruyendo y formando a cada uno de los responsables de las distintas naves del vivero, que en total ocupa unos 8.000 metros cuadrados en producción. Los “chicos”, como los llama Agustín, porque la mayoría de ellos son jóvenes como él, tienen que estar atentos a todo tipo de detalles: cuando necesita agua o cuando le sobra, si le hace falta fertilizante, si tiene alguna enfermedad. “Es un trabajo muy relajante. Se te hace un hobby más que el trabajo”, describe nuestro vocero.

El matrimonio de Federico y Cinthya eligió Santa Rosa de Calchines como su lugar en el mundo para poner sus viveros básicamente por la muy buena calidad del agua disponible en la región, que queda recostada sobre uno de los márgenes del río Paraná. Federico viene de una familia de viveristas de Rafaela, donde una de las mayores limitaciones comenzaba a ser justamente la provisión de agua para el riego.

 

Estos productores venden las plantas terminadas solamente a nivel mayorista (es un vivero de viveros) y en bandejas donde hace un “mix” de diversos cactus y suculentas. Los clientes hacen su pedido por internet mirando una foto de las bandejas que se le ofrecen. No puede elegir demasiado más, solo cambiar un 10% de lo que se les muestra.

“Mi mamá era técnica jardinera, y empezó con los cactus cuando yo era chiquito. Empezó sola, no tuvo vivero hasta 2011. Unos años antes había tenido un accidente: se cayó justamente de una montaña mientras recolectaba semillas de cactus. Mi mamá con eso es muy cuidadosa. No le gusta ni permite que saquemos cactus de la Naturaleza, porque hay muchas variedades en peligro de extinción. Ella esto lo disfruta, no se lo toma como un trabajo”, nos cuenta Agustín, que no disimula el complejo de Edipo, mientras nos muestra también algunos curiosos injertos que ensaya su madre.

Cinthya es tan apasionada que incluso está armando su propio banco de germoplasma de cactus, que sería uno de los pocos (si no el único) que exista en la Argentina. “La idea es hacer plantas madres, pero es algo que cuesta mucho porque los cactus son algo que no se trata de tener sino de esperar. Algunas variedades tardan entre 30 años y hasta 40 años en florecer y poder dar semillas. Pero la idea es a futuro. Ella nos dice a mi hermano y a mi: ‘Quizás yo no lo llegue a ver, pero capaz ustedes sí lo puedan ver’”.

Fuente: BICHOS DE CAMPO

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