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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoAcuerdo UE – Mercosur: Una gran oportunidad que requiere ser avalado como política de Estado
15/jul/2019


Tras 20 años de negociaciones infructuosas, tenues avances, retrocesos y una interrupción de 6 años; con vistas a establecer un área de libre comercio para eliminar aranceles, restricciones y regulaciones, en 2010 se retoman las conversaciones entre la Unión Europea y El Mercosur. Siempre con obstáculos, dimes y diretes, en torno a intereses difíciles de conciliar.

Desde 2016 se comenzó a verificar la voluntad de intentar un nuevo sendero. El tratado es el resultado de perseverancia e imaginación de los negociadores de turno, donde los debates no se agotaron en porcentajes arancelarios y cuotas de mercado, sino que también se sopesaron principios y valores comunes. No obstante el anuncio sorprendió al mundo, cuando el 28 de junio se dio a conocer el acuerdo comercial entre ambos bloques.

Durante las dos décadas se han celebrado casi una treintena de rondas negociadoras, en un proceso enmarañado con el paréntesis señalado. El último tramo de las tratativas, estuvo signado por la presión de agricultores y ecologistas europeos, advertidos por las declaraciones a principios de junio de un posible convenio en las dos márgenes del Atlántico.

Si bien la UE presenta varios acuerdos de libre comercio, el convenido con los socios del Mercosur, es el más importante de todos los celebrados hasta el presente y, así lo remarcan sus autoridades. Simultáneamente sus pares de Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay lo consideraron como histórico.

Lógicamente fue una tarea bastante compleja superar los escollos que se fueron interponiendo. Independientemente de las evidentes asimetrías económicas y disímiles niveles de desarrollo que presentan las partes, coexiste una diferencia marcada de naturaleza: la UE es una entidad supranacional y una serie de instituciones que funcionan y gravitan en las políticas de los 28 países que la integran. Tiene moneda única, Banco Central común, Parlamento, presidente y canciller. Por el contrario el Mercosur, se ha quedado al principio del camino, sólo existen determinadas normativas y entes alentados por vaivenes con los cambios de gobierno en los 4 países que lo componen.

Va de suyo que no hay ningún tratado que no sea perfectible, los convenios comerciales tienen analíticas abstrusas; la tarea de los diplomáticos multilaterales radica en hallar la estructura más armónica entre las asimetrías imperantes.

A la concreción se arriba en un cenáculo de alto nivel en Bruselas, como consecuencia del impulso imprimido por Alemania y España en las semanas previas, logrando doblegar algunas resistencias presentadas en seno de la UE, fundamentadas en presuntos efectos sobre el sector agrícola.

Hasta último momento, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, se había mostrado entre los más escépticos, sospechando sobre la posibilidad que Brasil abandone los Acuerdos de París contra la emergencia climática. Finalmente el líder francés ha considerado al acuerdo como la manera de hacerse fuerte frente a Donald Trump, decidiendo correr riesgos internos, relacionados con un posible rechazo de los agricultores o la presión de los chalecos amarillos.

El visto bueno llega en un momento oportuno para los referentes de ambos bloques. Para la UE significa su reivindicación como baluarte del libre comercio, en tiempos marcados por las políticas proteccionistas de Estados Unidos y China, aunque el texto debe obtener todavía el visto bueno de los Estados miembros y el Parlamento Europeo, que podrían imprimirle medicaciones.

El anuncio se hizo coincidir con la cumbre del G20 en Osaka, Japón, en la que estaban deliberando varios protagonistas en favor del acuerdo, entre otros: el presidente de la Comisión Europea “CE”, Jean-Claude Juncker, el jefe del gobierno español Pedro Sánchez, la canciller alemana Angela Merckel, Mauricio Macri y Jair Bolsonaro, mandatarios de Argentina y Brasil. Concordando además con el inminente cambio de autoridades en la Comisión Europeo.

Los próximos pasos están ligados a un período para examinar el texto jurídicamente y traducirlo a las diferentes lenguas, antes de su firma final, que debe contar con el resguardo de una mayoría calificada (16 de los 28 países de la UE). A posteriori debe ser ratificado por el Parlamento Europeo, compuesto por 750 euro-diputados.

El acuerdo que resulte aprobado en las instancias correspondientes, derivaría en la creación de un área de libre comercio con 770.000.000 de consumidores, equivalente al 10% de la población mundial. Actualmente entre los países de ambos bloques se comercializan bienes por u$s 98.000.000.000 y u$s 38.000.000.000 en servicios. Con proyección de un crecimiento ciclópeo.

El 91% de las exportaciones de la UE al Mercosur, progresivamente dejaran de pagar aranceles, ello traería aparejado un envión significativo a las ventas de automóviles, productos químicos y maquinaria industrial. A su vez el Mercosur cesará de abonar tarifas aduaneras sobre el 93% de sus exportaciones a Europa, recibiendo además un trato preferencial para el 7% restante. En tal sentido, las mejores perspectivas están dadas para la comercialización de carnes bovina y aviar, azúcar, biocombustibles y economías regionales.

La UE es el principal socio comercial del Mercosur, también es el mayor inversor extranjero en ese mercado, con un volumen de 381.000.00.000 de euros, mientras que las inversiones del Mercosur en la UE ascendieron a 52.000.000.000 millones de euros según datos de 2017.

Cabe acotar que si bien el acuerdo de marras sería el mayor cuantitativamente, por los habitantes que contemplará, si se analiza comercialmente es exiguo cotejándolo con los u$s 680.000.000.000 que intercambian entre Estados Unidos y la UE.

El texto conocido del tratado hace mención que se deben respetar los más altos estándares de seguridad alimentaria y protección del consumidor, contiene compromisos específicos sobre los derechos laborales y la protección ambiental, incluida la implementación del Acuerdo de Paris, celebrado dentro de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, el que hasta el presente Brasil era remiso a respetar.

Con su implementación se abrirán nuevas oportunidades en el Mercosur para las empresas europeas que participan en licitaciones públicas de los gobiernos o quienes proveen servicios informáticos, de telecomunicaciones o transportes, etc.

En el viejo continente el acuerdo alcanzado no está exceptuado de críticas, al respecto corresponde señalar que unas 340 organizaciones sociales, unos 70 eurodiputados y las principales entidades agrarias requirieron a la Comisión Europea que no se concretara.

El COPA-COGECA es la entidad representante de las organizaciones agrarias europeas para las relaciones entre las autoridades comunitarias y los representantes del sector agrícola y en estos momentos son los intermediarios, entre otras funciones, de las necesidades del sector cunícola con la UE y participar en la PAC (Política Agraria Común). Naturalmente, este sector es el que se considera más afectado, máxime teniendo en cuenta que en contraposición con lo que ocurre en nuestro país, en Europa las actividades agropecuarias están subvencionadas. La Unión Europea destinó en el período 2016/18 recursos para cubrir en promedio un 20% de los ingresos de los productores agropecuarios comunitarios.

Sobre el particular concierne reproducir literalmente lo expresado por el comisario europeo de Agricultura, Phil Hogan, quien reconoció en rueda de prensa: "No se puede negar que hemos tenido que hacer significativas concesiones en materia agrícola y agroalimentaria, para garantizar un resultado equilibrado, integral y ambicioso".

Con relación al reclamo ruralista, también es destacable el pensamiento del ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, Luis Planas, que así se manifestó: “Ningún país de la UE tiene bienes agropecuarios entre sus principales ventas al exterior. Sin embargo, los productores ocupan en algunas partes un lugar social y político privilegiado. Están claramente en contra, porque no quieren competir ante economías que se especializan en este tipo de exportaciones, y tienen un poder de lobby nada desdeñable.”

Los países más opositores al acuerdo son Irlanda, Bélgica y Polonia, al que podría agregarse Francia, según las ambivalencias señaladas. Por la aprobación se pronunciaron: Alemania, España, Holanda, Portugal, Suecia, la República Checa y Lituania.

Si bien hay aranceles que se eliminarán ni bien entre en vigencia el acuerdo, otros lo irán haciendo en diferentes períodos, en algunos rubros recién está liberados en 10 y hasta 15 años. Estas disposiciones contemplan así las posibilidades que los países de ambos bloques, vayan haciendo los ajustes necesarios a los efectos de no quedar perjudicados. Por ejemplo las importaciones para el Mercosur de rubros como: automotores, maquinarias, químicos y productos farmacéuticos.

Vale mencionar que no todos los productos agropecuarios y sus derivados se verán beneficiados simultáneamente, algunos usufructuarán el libre comercio inmediatamente de formalizado el acuerdo, otros en cambio lo obtendrán en plazos más largos o, estarán condicionados a cupos de importación.

(Ver la el texto oficial del acuerdo: https://cancilleria.gob.ar/es/acuerdo-mercosur-ue  

Cabe consignar que el año pasado las exportaciones de Mercosur a la UE fueron de 42.600 millones de euros en 2018, en tanto que las importaciones procedentes del viejo continente alcanzaron 45.000 millones de euros. Correspondiendo destacar casi la mitad de lo facturado por los países del cono sur provienen del sector agropecuario, a la inversa solo se contabiliza el 5%.

Otro aspecto del convenio reconoce los derechos de propiedad intelectual y los secretos comerciales como parte importante para fomentar la innovación y la creatividad, en procura que las industrias sean competitivas. Con este régimen, se potencian las posibilidades de que se establezcan inversiones europeas en Argentina, hasta ahora reticentes, por desconfianza e incertidumbre sobre el país, habida cuenta los cambios de reglas en los que se ha incurrido, o la falta de confiabilidad de nuestros estándares.

Aun cuando el acuerdo sea aprobado, difícilmente ello ocurra antes de dos años, puesto que las discusiones y los análisis exhaustivos que seguramente tendrán lugar en los 28 Congresos de los países miembros de la UE, no hacen presumir un desenlace más rápido. Dicho lapso que a priori da la sensación de dilación en la ejecución, posibilita a todos los protagonistas adecuar las normas regulatorias de los Estados, a la vez que las empresas pueden conocer los estándares de los mercados con los que comercializarán y, los Gobiernos instrumentar la convergencia regulatoria.

Teóricamente los países del Mercosur se verían favorecidos con una gran apertura comercial en materia agroalimentos; en contraprestación surgirá un mayor ingreso de productos industriales europeos y, garantías complementarias a las inversiones de empresas de ese origen en esta región sudamericana.

Gran parte de las negociaciones fueron ocupadas en la consideración de cupos o cuotas arancelarias, en los rubros más sensibles para los diferentes actores. Estos instrumentos ofician como limitantes al libre comercio, puesto que solo los bajos aranceles son aplicables a los volúmenes contemplados en el capítulo pertinente, en tanto que para los excedentes se aplican tasas más elevadas. En consecuencia cada bloque pujó por salvaguardar los productos que ellos producen.

Para los países del Mercosur en general y para Argentina en particular, el acuerdo con la UE reviste importancia para su integración con el mundo, fundamentalmente dado lo cerrada que es la economía nacional. Los aspectos favorables no sólo están dados por la apertura a un mercado de la magnitud ya comentada, sino que también posibilita que nuestros consumidores tengan acceso a bienes de excelente calidad a precios asequibles. Por otra parte, se debe valorar la generación de empleo digno en el circuito de la economía formal.

La oportunidad es muy auspiciosa, inclusive los sectores que a priori se podrían suponer ver en inferioridad para competir: automotores, camiones, maquinarias, fármacos y químicos; la situación no es tan lineal, habida cuenta que la mayoría de las poderosas empresas europeas tienen filiales en nuestro país. Inclusive siempre existe la alternativa de alianzas estratégicas.

De todas maneras no alcanza con que los empresarios hagan que les corresponde. Un acuerdo de esta magnitud requiere ser avalado como Política de Estado. Por cierto que el próximo Gobierno deberá agotar todas las instancias para lograr consensos y, a la oposición le corresponde estar a la altura de las circunstancias. Formula muy común en otros países de la región, pero de muy dudosa concreción intramuros.

Indefectiblemente se deben mejorar las condiciones de competitividad, es menester reducir la agobiante presión impositiva imperante, bajar drásticamente la inflación, readecuación de convenios laborales, reforma previsional y, disminución del gasto público, comenzando por los desproporcionados de la política.

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