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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un Amigo¿Cómo Venezuela ha ahorrado más de 400 millones de dólares con la semilla de papa?
23/jun/2019

Una red de campesinos y científicos han llevado su trabajo a la tierra y a los laboratorios para recuperar la variedad venezolana de este tubérculo, que posee una semilla de alta calidad genética y libre de patógenos.

La presidenta del Codecyt, Gabriela Jiménez, muestra la flor de la semilla de papa en la ’Agrofinca Salas’ en San Pedro de los Altos, estado Miranda, en Venezuela. / Cortesía de Candi Moncada.


Las leyendas andinas suelen hablar de la papa como un tesoro oculto bajo la tierra que es encontrado en los momentos más difíciles.

La patata, como también se le conoce a esta planta herbácea originaria de la región andina, en Suramérica, es el tercer cultivo alimenticio más importante del mundo, rico en vitaminas, minerales y propiedades curativas.

Durante años, su semilla fue comprada por Venezuela a otros países, a pesar de que se daba en sus suelos. La situación económica, la escasez y altos precios de los insumos agrícolas y la dificultad de la importación, producto del bloqueo de cuentas del Estado venezolano en el exterior, dieron un vuelco a esta realidad e hicieron que el país latinoamericano volviera a sus tierras para encontrar esa riqueza escondida.

Tan cerca, tan lejos

A tan solo una hora del congestionado centro de Caracas, en el estado vecino de Miranda, está la parroquia San Pedro de los Altos , una zona de montañas y terrazas de sembradíos, a la que pertenece Pozo de Rosas, uno de los núcleos donde los productores de papa aceptaron el reto de trabajar con semillas venezolanas de alta calidad genética y fitosanitaria junto a un grupo de científicos de la Corporación para el Desarrollo Científico y Tecnológico (Codecyt), que pertenece al Ministerio de Ciencia y Tecnología venezolano.

René David Jiménez, agricultor de la hacienda ’Las Marías’, va por un intrincado camino sobre una moto. Hace una señal para decir que falta poco para arribar a su aislado terreno, al que se llega tras media hora de trayecto por una carretera carcomida y llena de curvas.

En su parcela de siete hectáreas siembra desde hace 27 años, junto a sus tres hermanos y un sobrino. Allí tienen tres variedades del tubérculo: sasi, angostureña y andinita.

Explica que desde hace tres años no usan la semilla importada, lo que ha sido un " cambio magnífico ". Además, afirma que se ha mejorado el rendimiento en toneladas, no se ven en la necesidad de utilizar abono y han disminuido dramáticamente el uso de agrotóxicos.

En Venezuela se aprobó en 2015 la ’ Ley de Semillas ’, cuyo objetivo es proteger y garantizar la producción, uso de la semilla e investigación "desde una visión agroecológica socialista", privilegiando su producción nacional, de calidad y libre de transgénicos. Ese mismo año, la papa endógena fue declarada ’Bien de Interés Cultural’ .

Millones de dólares menos

La presidenta del Codecyt, Gabriela Jiménez, se encuentra en el núcleo base de la ’Agrofinca Salas’, de 23 hectáreas. Allí, entre las hojas verde oscuro del tubérculo, señala una flor blanca y explica que por su tamaño, homogeneidad y color se puede identificar la variedad de papa. También, se puede saber "cómo se siente la semilla, cómo es su crecimiento, su producción". "Nos habla. Es una planta fértil", dice.

La recién nombrada ministra de Ciencia y Tecnología explica desde Pozo de Rosas que el proyecto de siembra de papas con semilla nativa es parte de un programa llamado ’ Alianza Científico-Campesina ’, que se desarrolla con la Asociación de Productores Integrales del Páramo (Proinpa), en Muchuchíes, la ciudad de mayor altitud de Venezuela, en el estado Mérida, a unos 577 kilómetros de distancia.

Asevera que se han ahorrado más de 400 millones de dólares , destinados a la compra de simientes en el exterior. En el proyecto, cuyos recursos maneja el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit), también participan actores importantes de los sistemas agroalimentarios del país y semillaristas de los estados Lara, Carabobo, Miranda y Trujillo.

La licenciada y magíster en Biología considera que la biotecnología es una herramienta fundamental para "rescatar, conservar y multiplicar la semilla campesina y sembrarla".

La demanda nacional de consumo del carbohidrato se encuentra entre los 12 y 14 kilogramos por habitante y se requieren 30.000 hectáreas de siembra y 30.000 toneladas .

En cada uno de estas sembradíos, con productores del núcleo de los altos mirandinos, se ha logrado un rendimiento de hasta 70 toneladas , hasta los momentos.

El puente

Reina Prieto, ingeniero forestal de las ciencias del agro, conoce de memoria los caminos serpenteantes que llevan a las parcelas en San Pedro de los Altos. Al llegar a cada una es recibida por los productores que inmediatamente le cuentan cómo van las plantas.

Ella actúa como un puente entre los científicos y quienes están en el terreno. Su participación ocurre después de que el laboratorio produce sus semillas prebásicas (que aún no son para el consumo), "que se aclimatan dentro de invernaderos, donde obtienen la fortaleza necesaria para ir al campo".

Al llegar a los sembradíos, evalúa, junto a los hombres del campo, el progreso de las plantas.Tras esas conversaciones, va en sentido contrario, es decir, lleva los testimonios al laboratorio para que quienes hacen los estudios y análisis del suelo verifiquen si hay alguna bacteria o un agente patógeno en alguna muestra que haya llevado.

Reina Prieto, miembro del equipo del Codecyt, en la hacienda ’Las Marías’, en San Pedro de los Altos, Miranda, Venezuela. / Cortesía de Candi Moncada

Posteriormente, se realizan pruebas para determinar el tipo de afectación existe y si es posible tomar medidas para resolver el problema. " Es un trabajo constante de investigación , planificado bajo unos parámetros de organización", explica.

Fuente: ACTUALIDAD RT

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