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Pasturas y Forrajes
 
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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoCómo minimizar pérdidas en silajes
02/nov/2018

El mal manejo durante el almacenamiento, la extracción y el suministro afectan la calidad, con fuerte impacto sobre la productividad bovina. “Si bien la Argentina está a la vanguardia en tecnología de confección, se deteriora más del 20% de lo cosechado para estas reservas”, advierten los contratistas.

Por Ing. Agr. Liliana Rosenstein (*)

“En el país se pierde al menos un 20% de lo que se cosecha para silaje, a pesar de que las prácticas para minimizar esta problemática están al alcance de los productores”, afirmó el Ing. en Prod. Agr. Fernando Opacak, Coordinador de la Cámara de Contratistas Forrajeros durante el Congreso de Conservación de Forrajes y Nutrición. Y advirtió que “muchas veces no se identifica la causa por la que un animal engorda un kilo por día, en lugar de un kilo y medio, cuando una de ellas puede ser la pérdida de calidad del silo”.

¿Por qué se deteriora? El ensilado es un método de conservación basado en la acidificación del material a través de la fermentación. “Cuando terminamos de picar un maíz, por ejemplo, el forraje todavía sigue vivo, es decir, sigue respirando. Luego de la compactación, comienza la fermentación; primero por bacterias aeróbicas que bajan el pH a 5 y luego por anaeróbicas, que se activan en ausencia de oxígeno, y llevan el pH a 3,2, que es el de estabilización”, explicó. Este ambiente impide otras fermentaciones indeseables que pueden causar pérdidas de nutrientes, compuestos tóxicos y olores desagradables, con disminución del consumo voluntario e impacto en la productividad. “Entonces, el principal peligro para conservar el silo es el oxígeno”, remarcó Opacak.

El abc de la calidad

En la Argentina, la mayoría de los silos aéreos no se tapan, ya sea por cuestiones económicas o por la idiosincrasia del productor. “En ningún lugar del mundo se ven silos destapados. Los argumentos que se escuchan aquí es que el plástico es caro, que no saben cómo hacerlo y que no encuentran gente idónea para la tarea. O no los tapan porque piensan que esto no ocasiona problemas, a pesar de que la diferencia es indiscutible”, subrayó.

El principal perjuicio cuando el silo queda expuesto al aire y a la lluvia es la pérdida de calidad de las capas superiores. “Ese material deteriorado y hasta contaminado con tóxicos casi siempre va a parar al comedero”, aseveró.

En algunos países, por ejemplo en EE.UU, cuando el contratista termina de pisar el silo aéreo, llega el que brinda el servicio de tapado. “Es una cuadrilla especializada, por ahí van 20 personas con grúas. Aquí, algunos contratistas lo ofrecen, pero en la mayoría de los casos el productor queda a cargo de la tarea. Quizás es una carencia que en algún momento habrá que cubrir. Porque hoy en día el ganadero quiere todo llave en mano, sin tener que preocuparse por el tapado”, reflexionó. Y propuso: “por lo pronto, una solución sería que varios productores de la zona armen una cuadrilla, no es algo tan difícil”.

El tapado tradicional, que se utiliza en todo el mundo, se hace con una lona de 250 micrones, de un lado negro y del otro blanca. “Ahora, hay una nueva tecnología que se está empezando a usar en establecimientos de punta, que colocan barreras de oxígeno entre la lona y el forraje. El material está disponible en el mercado, aunque en la Argentina estamos lejos de esta instancia. Hay que concentrarse en tapar el silo”, recalcó.

El destape

El siguiente paso para preservar la calidad es destapar el silo correctamente. La regla básica es extraer de todo el frente expuesto unos 50 cm diarios, la cantidad que se empieza a oxigenar en ese lapso. “En verano quizás sea una tarea sencilla. Pero en julio, con una helada, si al mixero se le mojan los pies al sacar las cubiertas que están arriba de la lona, que tal vez tienen agua adentro, busca ahorrar esfuerzos. Lo hace una vez como corresponde y la próxima, en lugar de cortar 50 cm, corta 5 metros. Ahí, comienza la oxigenación y, con ello, el deterioro”, alertó.

Con el silo-bolsa ocurren problemas similares. “Obviamente el material ya está cubierto pero muchas veces se destapa más de lo debido”, aseguró. De cualquier modo, el problema fundamental con este tipo de reserva, que significa más del 70% de las hectáreas ensiladas en el país, es la pérdida de material por los costados, a raíz de distintos factores que producen roturas en las bolsas.

“Puede haber animales que se suben, ataque de roedores, máquinas que las golpean y malezas agresivas alrededor. Para evitar mermas de calidad, hay que recorrer el patio de comidas todos los días, revisar el silaje y reparar los daños rápidamente, aunque sean pequeños”, aconsejó. En tal sentido, hay productos específicos que evitan la entrada de aire una vez que se produce la incisión.

Dar de comer

Otro punto crítico donde es posible reducir pérdidas es la preparación de la ración. “Muchos productores cargan el mixer la noche anterior, de modo que a las 5 ó 6 de la mañana puedan salir a dar de comer. Entonces, ese alimento se aireó varias horas. Es clave hacer la mezcla en el momento y suministrarla rápidamente. Los animales tienen que estar esperando la comida”, indicó Opacak.

Por último, el especialista aconsejó analizar el material para conocer el contenido de materia seca, proteína, energía y fibra, de modo que el nutricionista pueda armar la dieta con precisión. “Hoy los resultados de un análisis de silajes están disponibles en 24 hs. Además, muchos contratistas ya proveen este servicio sin costos adicionales. Incluso, hay máquinas picadoras nuevas que se están probando a nivel mundial, que brindan los parámetros de calidad al momento de hacer el silo”, contó. En ese sentido, reiteró que la Argentina está a la vanguardia en tecnología de confección. “Como trabajamos a contraestación de Europa y EE.UU. hay equipos que se testean localmente para lanzarse en la siguiente campaña”, adelantó.

La oportunidad

En las últimas dos décadas el ensilado creció exponencialmente en el país, aproximadamente unas 20 veces, de la mano de la intensificación de la ganadería. En la campaña 2016-2017, sólo de maíz y de sorgo se confeccionaron 1,75 millones de hectáreas, de las cuales el 55% se destinó a la producción de carne.

Para finalizar, Opacak resaltó que el silaje de maíz y de sorgo es uno de los alimentos más económicos, comparado con distintos tipos de reservas, en base al contenido de proteínas y de energía. “Entonces, a nivel país, la propuesta es bajar las pérdidas al 10%, ya que por más que hagamos todo bien, es un material biológico y siempre algo de oxígeno vamos a tener. Desde la Cámara, vemos una oportunidad para mejorar la eficiencia de la ganadería”, concluyó.

(*) Editora de Valor Carne

Fuente: VALOR CARNE

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