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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoOtra vez la burra al trigo
08/oct/2018

“Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes” (frase atribuida a Albert Einstein, aunque también a Mark Twain y a Benjamín Franklin)

Por: Héctor Blas Trillo

Hay cosas que el común de los mortales podemos ver desde el punto de vista de la coherencia. Aún sin ser especialistas en un asunto. Podemos saber si algo es “sustentable” o no lo es. Para decirlo en otros términos: podemos colegir si será posible que algo ocurra o más bien nos parece que no lo será.

No haremos cálculos probabilísticos ni casuísticos. Sólo aplicaremos un poco de lógica.

Si las autoridades actuales piensan que un plan astringente que cierra el grifo a la fabricación de moneda hasta junio del año 2019 inclusive, pretende “planchar” el dólar en torno de los 40 pesos en promedio, paga tasas de interés del 74% y asegura que bajará la inflación a una tasa de crecimiento de sólo el 23%, algo de todo esto no podrá resultar así. A menos que algo se nos escape, claro está.

Para el año 2018, los analistas más conservadores esperan una tasa de inflación en torno del 45%. Si las tasas de interés de las ahora novedosas “Leliqs” (Letras de Liquidez que el Banco Central coloca en el sistema bancario) estamos hablando, de manera anualizada, en tasas del orden del 30% positivas. O, dicho de otra forma, el 30% de rendimiento en dólares. Esto es lisa y llanamente absurdo.

Hemos escuchado en estas horas opiniones de economistas de todo tipo y factor en cuanto a su orientación profesional e ideológica. Varios de ellos han dicho que tal situación no puede sostenerse por mucho tiempo, y que la tasa de interés debería tender rápidamente a la baja. Podemos decir que es muchísimo mejor que así sea, pero mientras tal tasa no baje, los tenedores de Leliqs se alzarán con ganancias en dólares del orden del 30% anualizado.

En otras palabras, la banca oficial, el Tesoro Nacional y todos nosotros estaremos de alguna forma u otra afrontando semejante costo para intentar sostener una situación claramente insostenible.

No hay misterios en esto.

La ayuda del Fondo Monetario Internacional ayudará y mucho a contar con dólares suficientes para afrontar una mayor demanda. Y los bancos estarán chochos de colocar su dinero en pesos en Leliqs a sabiendas de que de un modo u otro el Estado les pagará, dado que se trata de títulos en pesos. A su vez esos mismos bancos carecerán de incentivos para prestar a particulares o empresas excepto que las tasas de interés que cobren sean del doble de ese porcentaje, o algo por el estilo. Ni hablar de las tarjetas de crédito.

De tal manera el crédito privado prácticamente desaparecerá. El financiamiento de las empresas será nulo, se incrementará el incumplimiento de los pagos, caerán las ventas, la producción, aumentarán los despidos y etcétera. Es decir, esto que ya todos estamos viendo se verá corregido y aumentado.

Si hacemos un análisis rápido de todo lo que ha intentado hacerse desde abril en adelante para corregir la corrida cambiaria y sus coletazos, podemos ver que se ha intentado de todo pero siempre en el marco de los artilugios monetarios.

Es cierto que las causas de corrupción derivadas del caso de los cuadernos, han afectado la continuidad de la obra pública. También lo es que la gran incertidumbre, la volatilidad y los malos augurios suman desconfianza en cualquiera que quiera venir a invertir un dólar al país. Pero la realidad es que desde el punto de de vista del gasto público como concepto global se ha hecho muy poco o nada.

Nación, provincias y municipios siguen gastando dinero a lo pavote. Seamos claros. Gobernadores, intendentes y funcionarios a cargo de diversas áreas intentan conservar su proverbial “quintita” y que sean otros quienes ajusten.

Convertir ministerios en secretarias no sólo no es un ahorro, implica incluso un gasto adicional en papelería, tarjetas y demás rubros con nuevas denominaciones. No será un gasto importante esto, pero es un gasto extra.

Estamos ante una verdadera entelequia.

Que mejore la producción de petróleo o de gas es un buen dato. Lo es también que haya inversiones en el sector, o en las llamadas energías renovables. También es un buen dato que haya pasado la sequía y se proyecte una cosecha buena para el corriente año (aunque en este último caso se yerguen nubarrones producto de la guerra comercial entre EEUU y China). También que según se afirma los bancos internacionales se comprometan a apoyar los proyectos de participación público privada (PPP).

Pero al mismo tiempo estamos tratando de domesticar al dólar, para que se mantenga en valores más o menos estables en torno de los 40 pesos, lo cual retrasará rápidamente el tipo de cambio y desalentará las exportaciones, que ahora se ven una vez más afectadas por las llamadas “retenciones”, medida tomada para aumentar ingresos del Estado y no tener que afrontar como corresponde una reducción del gasto.

Y a todo esto le sumamos la “banda cambiaria”, que los especialistas llaman “crowling peg” porque tal vez suena más snob. De una forma de otra, una banda cambiaria es una especie de “tablita” como la de Martínez de Hoz, o la existente al comienzo de la llamada convertibilidad. El tipo de cambio puede oscilar entre un valor superior de 44 pesos, y un valor inferior de 34 pesos. Si supera el valor más alto, el Banco Central interviene, pero vendiendo (o malvendiendo) hasta 150 millones de dólares por día, cifra que no sabemos si alcanza para poner freno a la estampida. Y en el rango inferior, el Banco Central sale a comprar, se supone que sin emitir moneda adicional. A su vez se establece una pauta de ajuste del 3% mensual en este esquema. Es decir, tenemos asegurado un mínimo de 3% de grado de avance. Si esto no es una “tablita” nos preguntamos qué cosa lo es.

Lo cierto es que, de una forma o de otra, cuando el Estado interviene y fija tasas, banda cambiaria, tablita, prohibición de emitir moneda, retracción de la liquidez subiendo encajes bancarios, lo que está haciendo es intervenir en el mercado monetario y cambiario de todas las formas posibles. Y por qué lo hace: porque intenta, simplemente, que el mercado no haga lo que haría si no hubiera intervención. En otras palabras: se pretende generar confianza dando la señal de que no se tiene confianza. Porque todo intervencionismo es siempre la intención de evitar las consecuencias a las que nos lleva el mercado. Es decir, en lugar de corregir las causas que provocan los desvíos en la economía, se intentan evitar las consecuencias. Se abre el paraguas y se dice que no llueve. Pero la realidad es que llueve. Tal vez no es el mejor ejemplo pero es bien gráfico.

El camino emprendido puede estar regado de buenas intenciones. Pero debemos señalar que salvo algunos detalles no es nuevo, y no hace más que traer a nuestra mente la sensación del más de lo mismo, aquello de que “otra vez (está yendo) la burra al trigo”

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