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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEl “solidarismo”
05/jul/2018

«No es por la benevolencia del carnicero, del cervecero y del panadero que podemos contar con nuestra cena, sino por su propio interés.» Adam Smith

Por: Héctor Blas Trillo

En estas horas tan complicadas en las que la economía argentina se consume en su propia salsa producto de décadas de populismo, distribucionismo y voluntarismo, nos encontramos nuevamente con los consabidos reclamos a empresarios, “formadores de precios”, comerciantes y productores agropecuarios a los que se los acusa de insensibles, insolidarios, antipatriotas y varios adjetivos por el estilo.

Rápidamente se vuelcan a estas lides los políticos de toda laya y estirpe, que ni lerdos ni perezosos encuentran la comodidad de poner la responsabilidad de décadas de desaguisados en quienes quieren ganarse la vida desde una empresa o un negocio cualquiera, de ser los responsables de la desgracia en la que se ha sumido al país al menos desde los años 40.

Así las cosas, escuchamos y leemos a funcionarios a cargo de las carteras involucradas con la producción, las finanzas y la economía, batir el parche pidiendo “solidaridad” y amenazando con castigar a los díscolos que “aumenten los precios sin razón”.

En el medio del magma en que nos encontramos, surgen las acusaciones a quienes operan “en negro”, a quienes guardan sus cosechas en silos en lugar de salir a venderlas, y hasta a los medios de difusión. Una vez más los medios de difusión.

Efectivamente. La diputada Elisa Carrió le pidió a la población, desde un canal de cable capitalino, que “apague su televisor” en una rémora notable de pedidos en la misma dirección a cargo de personajes nefastos, como Jorge Capitanich siendo jefe de gabinete rompiendo un diario en público, o la diputada Diana Conti pidiendo a los gritos que “miren menos a Lanata”. Sin contar la canallesca campana contra el grupo Clarín o los escupitajos a fotografías de reconocidos periodistas a los que fueron invitados LOS NIÑOS en la Plaza de Mayo.

Un historiador de talla, como Jorge Ossona nos habla de la necesidad de ser patriotas. Y especialmente se refiere, según hemos oído, a los productores que guardan sus granos en silos y no salen a venderlos, especulando así con el precio pese a que se le han quitado las retenciones (a las exportaciones).

Claramente estamos ante un ataque agudo de “solidarismo”. Y una vez más, y por encima de que la clase política intente cubrirse por guardia y por retaguardia, la dirigencia argentina cree que el problema está en el comportamiento medio del argentino, que no es ni solidario ni patriota. Así, conspicuos personajes del populismo de tantos años, demuestran tener razón: somos todos insolidarios, vendepatrias y por lo tanto antipatriotas, por eso el país no despega.

A ninguno de nuestros beneméritos dueños de la ética y de la solidaridad se le ocurre pensar, ni por un instante, que toda operación comercial, la que fuera, se lleva a cabo mediante la moneda de curso legal. Dejemos a los políticos y sus intereses partidarios o sectarios. Hablemos de historiadores, “intelectuales”, escritores y toda la claque “culta”. Ninguno de nuestros benefactores intelectuales parece tomar en cuenta que el Estado viene incrementando la masa monetaria a razón de un 30% anual y pagando tasas de interés que orillan el 50% para poder financiar la fiesta. No. Sólo esperan que todos seamos “solidarios” y salgamos a malvender nuestro esfuerzo, en una moneda que pierde su valor como consecuencia de la “política monetaria” para financiar un gasto insoportable e insostenible.

¿Por qué razón alguien malvendería su cosecha siendo obligado a liquidar las divisas al tipo de cambio que el propio gobierno dice, repite y actúa intentando frenarlo en su disparada alcista? ¿No equivale eso a pedirle que venda a un precio menor al que obtendría si el gobierno no pusiera tiempo, esfuerzo y muchísimo dinero en intentar contener el alza?

¿No está fuera de toda lógica suponer que en una economía cuya presión tributaria hace que de cada peso que alguien recibe, 60 centavos al menos vuelvan al Estado como impuestos, y esto sin contar la inflación, que es también un impuesto?

Tal vez nuestros “solidaristas” deberían preguntarse por qué razón el gobierno, éste o el que fuera, no actúa de manera tal de garantizar al país una moneda sana y que no pierda su valor como consecuencia de un gasto desmadrado, inconsistente, inviable y hasta inútil. Si no deberían, tal vez, buscar allí la solidaridad que ellos sí tienen pero los productores y comerciantes NO. En realidad, y para que no se tome esto literalmente, digamos que en economía existe lo que se llama la maximización del beneficio. El mejor uso de los recursos disponibles, que siempre son escasos. De eso estamos hablando, de ser razonables y utilizar el dinero lo mejor posible, siendo discretos, modestos y austeros. ¿Nada para decir al respecto, estimados “solidaristas”?

¿No es acaso un absurdo suponer que los precios que “forman” no sabemos bien quiénes incluyen una caterva interminable de impuestos, retenciones, contribuciones, aportes, percepciones, tasas y hasta mentirosas “fumigaciones”? ¿Alguien puede imaginar que toda la venta en negro que vemos todos los días en calles, estaciones de tren, de ómnibus, plazas y lugares públicos de todo tipo surge como los hongos por efecto de alguna plaga que nos devora a todos?

¿Acaso no ha sido el propio Estado el que ha promovido Saladas y Saladitas, y se ha cansado de “contratar” empleados mediante la figura del monotributista para no tener que soportar cargas sociales, aguinaldo y vacaciones? ¿No se firman todos los años convenios surgidos de paritarias “libres” con cargos “no remunerativos”, es decir con eufemismos berretas para no asumir que las cargas sociales son impagables?

¿No se busca, acaso, con todas las “promociones” que el gobierno encara, otorgar “planes” y exenciones impositivas y previsionales para incentivar la producción y el empleo? ¿No significa eso reconocer que el sistema tal como está NO PROMUEVE NI INCENTIVA la producción y el empleo?

Nos hemos referido muchas veces a la maraña burocrática que verdaderamente encarajina cualquier administración, y perdón por el término, la hace inviable e incumplible.

Y cuando estamos tapados por el estiércol y por el magma de impurezas populistas y oportunistas, vienen los artífices de tal situación, a acusar a productores, empresarios, comerciantes y emprendedores varios de ser los responsables de que la moneda argentina, la unidad de cuenta en la que están todos obligados a operar, NO SIRVE.

Apelar al sentimentalismo es un recurso válido en telenovelas. Incluso en las viejas novelas de bolsillo de Corín Tellado. Apelar a la “sensibilidad” que al parecer es algo que los argentinos no hemos “internalizado”, salvo, claro está, políticos, historiadores, “intelectuales” y demás gases raros. Porque ellos sí la tienen clara. Clarísima.

Se les ha olvidado eso sí, el detalle de que nadie malvende el producto de su esfuerzo. Y de que nadie vende algo si no hay otro que está dispuesto a pagar el precio.

El “solidarismo” no sirvió nunca para nada. Excepto para hacer daño.

Y una vez más está ocurriendo lo mismo.

Fuente: www.hectorblastrillo.blogspot.com

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