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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoArgentina tiene un gran potencial, pero los argentinos poco hacemos por potenciarla
06/jun/2018

Estamos atravesando un momento complicado, la depreciación de la moneda, el impacto de la recomposición tarifaria de los servicios públicos, la suba del petróleo y el alza de la tasa de intereses en el mundo, constituyen un combo que en nuestro país repercute notoriamente y potencia la inflación, que el Gobierno no ha podido ni sabido dominar.

No obstante, sin soslayarlo en absoluto, el problema principal no es el económico, sino que lo más preocupante es la carencia de un mínimo entendimiento político y, partir de este una necesaria concertación multisectorial. Por estos días la intolerancia imperante es el caldo de cultivo más nefasto, que impide abordar con responsabilidad y patriotismo una agenda de políticas públicas, que hagan posible la gobernabilidad por dos décadas, cualquiera sea el signo político de quien gobierne.

Soy consciente que acuerdos de este tipo, que no tuvieron impedimento alcanzar otras naciones con problemas mucho más severos y, en situaciones realmente graves; en Argentina son muy difíciles de concretar.

En general se observa una mediocridad alarmante en la dirigencia argentina, no me estoy refiriendo exclusivamente a la política, que evidentemente deja mucho que desear, sino este concepto es extensivo a la sindical, empresaria y, sin omitir el zigzagueante funcionamiento de buena parte de la justicia.

Por cierto que no podemos olvidar que venimos de un período de corrupción exorbitante, donde se desaprovecharon los años más favorables de la historia en términos de intercambio. Perdimos la noción de los precios reales, con una distorsión de las variables, que cuesta reencauzar y, resulta embarazoso comprender a la población.

El actual Gobierno incurrió en no pocos errores, a veces por candidez otras por petulancia o simplemente por inexperiencia. Pecó de optimista y omitió de tomar medidas necesarias en el primer tramo de la gestión, inclusive incomprensiblemente relativizó la delicada situación heredada. El apresuramiento y prescindir de pasos formales (obviando el Congreso en la designación de jueces de corte o, el llamado a Audiencia Pública en la recomposición de tarifas) le significaron desgastes innecesarios, que le dieron lugar a cuestionamientos y retrasos en sus propósitos. Generalmente comunicó muy mal, retaceando superfluamente información pertinente.

En el tema de tarifas se parte de un diagnóstico correcto y, con un cronograma de recomposición compatible con la conjunción de otras variables esperables; el problema es que el comportamiento de estás no se compadecieron con los pronósticos: Las inversiones no llegaron en la magnitud esperada, la reducción del déficit fiscal y disminución del gasto público no se concretaron y siguen en los mismos índices afligentes del 2015, tampoco se redujo la pobreza, el crecimiento de la economía fue menor de lo calculado y la baja de la inflación sigue siendo una asignatura pendiente. En ese contexto a muchos argentinos se les hace cuesta arriba abonar las facturas.

La oposición ha entrado en una lógica peligrosa: “cuanto peor, mejor”, esto no conduce a nada. En lo inmediato puede que servirle para debilitar al gobierno, pero las secuelas que este tipo de comportamientos genera, se les convertirán en contra al que le toque gobernar en el próximo turno, que pueden ser ellos mismos.

El presidente, sus asesores e ideólogos se equivocaron cuando creyeron que por haber ganado dos elecciones consecutivas, contaban con un respaldo incondicional de sus eventuales votantes, descartaron considerar que más elegir a Macri, el electorado optó por fundamentalmente para pronunciarse contra el kirchenerismo.

El estado de situación exige marchar rápidamente a una drástica disminución del déficit fiscal y reducción del gasto público. Ningún país puede tener un destino venturoso se gasta más de lo que recauda; en el nuestro, lejos de poder aplicarse más impuestos deben disminuirse; el costo interno es muy alto, estamos entre los más caros y en consecuencia, muy ineficientes en competitividad.

Sin mayores dilaciones se necesita consensuar una reforma laboral, para lo cual es condición arribar a un acuerdo político entre las fuerzas políticas democráticas y responsables, caso contrario corremos serio riesgo de quedarnos fuera del mundo.

Argentina tiene legislaciones que en su momento nos jactábamos de muy avanzadas, pero lo cierto que ellas no están adaptadas a nuestra realidad, su vigencia encarece considerablemente los costos e, internacionalmente nos sacan de mercado; ello conspira en gran medida para agregarle valor a nuestra producción primaria.

Hay convenios colectivos de trabajo que deben ser revisados, especialmente aquellos con prerrogativas excepcionales, en varios casos consumados en el interregno que gobernó María Estela Martínez de Perón, a expensas de empresas del Estado, con la perversidad de que funcionarios de estas q ue discutían paritarias representando a la patronal, a posteriori cobraban los beneficios acordados.

Actualmente hay actividades que en la práctica han quedado perimidas por los avances tecnológicos, empero los gremialistas se empeña en conservarlas, en vez de reconvertir al personal que las desempeña, tal como está ocurriendo en los países emergentes y desarrollados. Esta faceta requiere ser abordada puesto que la extemporaneidad cada vez será mayor, y por lo tanto más compleja su readaptación.

Indudablemente las mayores responsabilidades la tienen quienes gobiernan, seguidos por los que pretenden ser alternativa, pero también corresponde decir que allí no se agotan los compromisos, la situación requiere una mayor consciencia de todos los sectores de la sociedad, asumiendo cada uno los deberes que nos competen.

A la hora de hacer un análisis exhaustivo, pocos son exceptuados de practicar autocrítica. Vale citar que si las bases participaran activamente en la vida de los gremios, no tendríamos sindicalistas enriquecidos con 30 años al frente esas entidades; otro tanto ocurriría en los partidos políticos si los afiliados participaran realmente en sus agrupaciones, reclamando que los debate de los temas fundamentales fueran moneda corriente, igualmente si se solicitaran explicaciones a funcionarios y legisladores.

De igual manera podríamos razonar sobre el funcionamiento de las entidades intermedias. ¿Cuántos son los productores asociados que se involucran en las Sociedades Rurales o filiales de FAA? La respuesta es un mínimo porcentaje. Algo parecido acontece con los Centros Comerciales u otras organizaciones.

Argentina sigue teniendo un gran potencial, pero los argentinos con distinto grado de responsabilidad poco hacemos por potenciar.

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