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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEl campo argentino en números 2017
07/dic/2017

Lic. Nicolle Pisani Claro – Lic. David Miazzo Río Cuarto – Córdoba. Noviembre de 2017

 

 

Resumen EjecutivoEl campo argentino es un engranaje fundamental de la economía argentina,  uno  de los sectores más competitivos, principal exportador del país, un gran generador de empleo  a lo largo de todas las cadenas agroalimentarias  y  un importante  contribuyente  a  las  arcas públicas. Las producciones agrícolas, ganaderas y agroindustriales se realizan en todo el país, pudiendo afirmar que se caracteriza por el desarrollo de actividades de manera federal.

En este sentido, las cadenas agroalimentarias generan:

·         1 de cada 6 puestos de trabajo privados (directos e indirectos),

·         1 de cada 10 pesos del Producto Bruto Interno,

·         1 de cada 10 pesos de la recaudación tributaria nacional de AFIP,

·         7 de cada 10 dólares de las exportaciones totales del país.


Estos resultados son calculados a partir de datos del año 2016, cuando Argentina produjo 122 millones de toneladas de granos, 5 millones de toneladas de carne (aviar,  vacuna  y porcina), 9.895 millones de litros de leche, y otras producciones tales como biocombustibles, vi nos y cultivos no tradicionales.

Algunas de las cifras productivas traducidas por FADA reflejan que, en dicho año, las cadenas agroalimentarias produjeron:

·         9.895 millones de litros de leche, suficientes para brindar, en un año, los nutrientes necesarios a 44 millones de niños;

·         4,5 millones de camiones son los necesarios para cargar toda la producción de granos del país al mismo tiempo. Si los ponemos en fila darían dos vueltas a la tierra;

·         2,4 millones de toneladas de papas, el equivalente a 17.000 Obeliscos repletos de papas;

·         producción de yerba mate argentina para que 34 millones de personas, 75% de la  población argentina, tomen sus 100 litros de mate al año, mientras trabajan, estudian y comparten momentos;

·         116 kg. de carne por argentino, alcanzando también esta producción para alimentar  a todo Hong Kong;

·         3 millones de vueltas a la luna se pueden realizar en auto con los biocombustibles producidos en el país; y

·         945 millones de litros de vino que alcanzan para llenar 378 piletas olímpicas.

·         Si ponemos a la parrilla la producción argentina de carne bovina, de cerdo y de pollo,

·         10.435 millones de personas podrían comer un asadito. Alcanza -y sobra- para todos los habitantes del mundo.

Estos datos demuestran la importancia del campo para el desarrollo del país. Sin embargo, todavía queda mucho potencial, valor por agregar y empleo por generar. Para esto, el sector público deberá resolver cuestiones tales como la infraestructura de transporte,  realizar  las  obras para prevenir y disminuir el impacto  de  las inundaciones, y  mejorar el sistema tributario. Al tiempo que hay temas que mejorar hacia adentro de las cadenas, como  trabajar  aplicando  las mejores prácticas productivas y ambientales.

Introducción

La importancia de las cadenas agroalimentarias puede verse en diferentes indicadores. La existencia de las mismas, el hecho de producir en el campo y agregarle  valor a la producción nos deja ver que no existe tal dicotomía campo o industria,  sino que  por lo contrario, el  campo y la industria se complementan, formando las cadenas agroalimentarias, generando  desarrollo con un efecto multiplicador que se puede reflejar con indicadores.

Se entiende por cadenas agroalimentarias a las cadenas de granos y oleaginosas1, la cadena de producción de maquinaria agrícola, las cadenas cárnicas2, la cadena láctea, el bioetanol y el biodiesel, por formar parte de las cadenas del maíz, la caña y la  soja,  y  las  economías regionales, donde las diversas producciones locales son muy significativas en el proceso de creación de empleo directo e indirecto, a lo largo de todas las provincias del país. En este caso, se han medido las cadenas de las frutas, legumbres, hortalizas y otras3, y la cadena vitivinícola.

Las cadenas agroalimentarias son una parte importante del desarrollo del país, tanto por su función social de generación de empleo como por su función  económica  de  generación  de valor agregado, recaudación y divisas.

Entre los indicadores que reflejan el impacto e importancia de las cadenas agroalimentarias en Argentina se encuentran: producción, que es la base de la pirámide y genera un efecto multiplicador para los demás indicadores; generación de empleo,  tanto  directo  como indirecto; participación sobre el PBI de las cadenas agroalimentarias; el aporte tributario y la generación de divisas por exportaciones.

En las mediciones del presente trabajo, sólo la generación de empleo contempla el empleo directo e indirecto, el resto de los indicadores miden sólo el impacto directo. Medir los impuestos que se pagan en el consumo de alimentos o en la producción de fitosanitarios y fertilizantes, serían ejemplos del aporte tributario indirecto.

Producción

La producción de las cadenas agroalimentarias abarca un numeroso conjunto de  productos, tanto primarios como industriales.

Para dimensionarla debemos contabilizar diferentes producciones. La primera de ellas son los cereales y oleaginosas producidos en todo el territorio de nuestro país. Para la  campaña 2015/16 se produjeron en los campos argentinos 122 millones de toneladas de los principales granos, entre los que se destaca la producción  de soja con  58 millones de  toneladas,  maíz  con 39 millones y trigo con 11 millones de toneladas producidas.

Esta producción equivale a 4,5 millones de camiones cargados. Si los estacionamos a todos al mismo tiempo, uno detrás de otro, podrían dar 2 vueltas a la tierra4.

 

Seguidamente podemos analizar la producción cárnica argentina. Para 2016,  la misma  alcanzó un total de 5,2 millones de toneladas, entre la carne vacuna (2,6 millones de tn.), aviar (2 millones de tn.) y porcina (518 mil tn.).

Las 5,2 millones de toneladas alcanzan para abastecer el consumo de los habitantes argentinos, quedando carne disponible para alimentar a 7 millones de personas más, el equivalente a la población de Hong Kong.

Comparando con 2015, la producción cárnica cayó levemente en un 1%, explicada por caída en carne aviar (-2%) y vacuna (-3%), no así en carne de cerdo (+13%).

En Argentina, el consumo promedio por habitante se incrementó en 5Kg. para el año 2016, alcanzando 116 Kg. de carne consumida por habitante a lo largo de un año. Para tomar dimensión, una persona que en promedio pesa 70 kg, está comiendo una vez y medio su peso por año.

Si ponemos a la parrilla la producción argentina de carne bovina, de cerdo y de pollo, alcanza para que 10.435 millones de personas se puedan comer un asadito5. Si consideramos que el mundo tiene 7.300 millones de habitantes, alcanza y sobra. A su vez, las parrillas llegarían a cubrir la superficie de la ciudad de Buenos Aires.6

Entre otras producciones importantes de las cadenas agroalimentarias, podemos destacar dos sectores que han sufrido descensos considerables para 2016. Por un lado, la  producción  de vinos cayó un 30% para 2016, con un total de 944 millones de litros producidos. Dicha producción, alcanzaría para llenar 378 piletas olímpicas con vino. Por otro lado, la producción de leche, alcanzó un total de 9.895 millones de litros, mostrando una caída del 12%.

En base a FAO, “para combatir de manera eficaz la malnutrición y la subnutrición, deben suministrarse 20 gramos de proteína animal per cápita al día, o 7,3 Kg. al año.  Esto  puede lograrse mediante un consumo anual de 33 Kg. de carne magra, 45 Kg. de pescado, o 60 Kg. de huevos, o 230 kg de leche”.

En función de ello, la producción de leche argentina alcanzaría para brindar, en un año, los nutrientes necesarios a 44 millones de niños7.

Además de la vitivinicultura, la producción de frutas, legumbres y hortalizas, así co mo algunos cultivos industriales complementan las economías regionales. Si bien no se cuenta con demasiada información sobre volúmenes de producción de estas economías  regionales, podemos mencionar algunas de ellas.

Argentina produjo para 2016, al menos, 8,5 millones de toneladas de frutas8, legumbres y hortalizas9. Entre las legumbres y hortalizas podemos mencionar la producción de papa, como aquella que se destaca por sobre las demás. Argentina produjo para 2016 2,4 millones de toneladas, equivalente a 17.000 Obeliscos repletos de papas10.

Entre las frutas, podemos destacar la producción de limón y naranjas. La primera de  estas alcanzó un volumen de 1,6 millones de toneladas, mientras que  las  naranjas  alcanzaron  un total de 1 millón de toneladas.

Entre los cultivos industriales, se encuentra la tradicional yerba para los mates argentinos, el algodón y la caña de azúcar. La producción de algodón alcanzó 671.825 toneladas en 2016, mientras que la producción de yerba hoja  verde  fue  de  692.770  toneladas, siendo equivalente a 230.923 toneladas de yerba mate (seca). En base al Instituto Nacional de la  Yerba  Mate (INYM), una persona consume un promedio anual de 100 litros de mate, para los cuales  se  utiliza aproximadamente 6,8 kg. de yerba.

La producción de yerba mate argentina alcanza para que 34 millones de personas, 75% de la población argentina, tomen sus 100 litros de mate al año, mientras trabajan, estudian y comparten momentos.

Por último, dentro de los cultivos industriales encontramos la caña de azúcar cuya producción alcanzó 2 millones de tn11.

 La caña de azúcar, el maíz y la soja, no solo se vuelven alimento, sino también energía. Así podemos contabilizar la producción de biocombustibles que, para 2016, alcanzó un total  de 3.894 millones de litros, distribuidos en 890 millones de litros de  bioetanol,  55%  a  partir  de maíz y 45% de caña de azúcar, y 3.004 millones de litros de biodiesel, a base de soja. 

La producción argentina de biocombustibles equivale al combustible necesario para dar la vuelta a la luna 4 millones de veces12.

 El destino de estas producciones es, en el caso del  bioetanol, el  mercado interno, mientras que el biodiesel tiene como destino el mercado interno para el corte de combustibles, como así también el mercado mundial. Así, la venta de bioetanol con destino al mercado interno para 2016, alcanzó un valor de 910 millones de litros, un 2%  más  de  la producción estimada  en 2016, mientras que las ventas de biodiesel se distribuyeron en 1.735 millones de litros  al mercado externo y 1.171 millones de litros al corte más otras  ventas  internas,  lo  que representa el 97% de la producción de biodiesel de dicho año.

 Por último, y siguiendo en línea con las producciones agroindustriales, cabe destacar que las actividades primarias no podrían desarrollarse sin un eslabón como lo es el de maquinarias agrícolas. En este sentido, la producción de maquinarias agrícolas ha crecido en  comparación con 2015 en un 38%, alcanzando un total de 4.477 unidades13 producidas en  2016  (CAFMA, 2017), siendo la principal producción la de sembradoras, como así también la que presentó el mayor crecimiento productivo (92%). 

Si se consideran las ventas realizadas en maquinaria agrícola,  en  base  a  INDEC  (2017) alcanzaron para el año 2016 un volumen de 17.56614 unidades mostrando un crecimiento del 27% con relación a 2015. En  base a dichas ventas, la industria de la maquinaria agrícola aportó  un total de $ 19.385 millones, con un crecimiento del 105% en facturación, siendo el 76% de la misma aportada por la venta de maquinarias nacionales. Esta situación deja entrever no solo la importancia de la maquinaria agrícola como parte de las cadenas agroalimentarias y su desarrollo, sino también cómo el campo argentino invierte en bienes  de  capital  cuando recobra rentabilidad.

Empleo

La generación de empleo es el primer, y más importante, efecto multiplicador del desarrollo de las cadenas agroalimentarias. Para su medición se consideran tanto los puestos de trabajo directos como indirectos de los eslabones de producción primaria, industrial, transporte y comercialización. Así, para el año 2016, cada dos  puestos  directos  el  campo  argentino generaba un puesto de trabajo indirecto a lo largo y ancho del país.

Si consideramos el total de empleo privado (registrado y no  registrado15),  1 de  cada 6 puestos de trabajo se generan desde las cadenas agroalimentarias. Esto equivale a que, para 2016, las cadenas agroalimentarias generaron 2,5 millones de puestos de trabajo, el  17%  del  empleo total nacional (privado). Si se suma el empleo público, dicho porcentaje se reduciría al 14%.

Este punto merece una aclaración: el total de 2,5 millones de empleos para 2016 no es comparable con los datos de empleo para 2015. Dicha cuestión reside  en cambios metodológicos para realizar las estimaciones de empleo de las cadenas agroalimentarias que, entre otros factores, incluye las tasas de crecimiento de la actividad económica, medidos  por PBI, el cual fue re-calculado en el año 2016, por modificaciones en la  metodología  e intervención de INDEC. Por este motivo, se debió recalcular toda la serie de empleo agroalimentario.

Del total de puestos generados, el sector primario es  el  mayor  generador  de empleo,  abarcando el 46% del total, 26% lo genera el eslabón comercial, 16% la industrialización de las diferentes producciones primarias, siendo el restante 12% generado por el transporte.

Si analizamos dentro de las cadenas agroalimentarias, se destaca la  importancia  de las economías regionales como generadoras de empleo. Así, sectores como la vitivinicultura y la producción de frutas, hortalizas, legumbres y cultivos industriales (FHL) generan el 32% de los puestos de trabajo. Esto deja entrever que las economías regionales son de vital importancia para el crecimiento del campo argentino.


La

Se estima que para el año  2016  existieron  cadenas  agroalimentarias  fuertemente  afectadas por cuestiones climáticas, inversión,  tecnificación,  entre  otras,  que  provocaron  reducción  de los volúmenes producidos, cierre de establecimientos y  que  conllevaron la pérdida de  puestos de trabajo. Entre ellas podemos mencionar principalmente la cadena láctea, vitivinícola y la cadena de trigo, siendo que de las dos últimas se espera una mejora para 2017. El trigo, en particular, tuvo una importante recuperación en 2016, pero dado que la cosecha se hace hacia fines de año, recién impactará en la medición del año 2017.

Se aproxima el Mundial de Fútbol Rusia 2018, si consideramos los 12 estadios que se utilizarán para los diferentes partidos a disputar, los 2,5 millones de puestos de trabajo, equivalen  a llenar 4 veces todos los estadios mundialistas de Rusia 2018 al mismo tiempo16.

Producto Bruto Interno

El Producto Bruto Interno (PBI) mide el valor de los bienes y servicios finales producidos dentro de la frontera de un país, siendo considerado el indicador fundamental para  medir  el crecimiento de la economía de un país y de los sectores que la integran.

Para Argentina, en el año 2016, el PBI medido en precios corrientes alcanzó un valor de $8.050.245 millones (8 billones de pesos), un 38% superior al PBI 2015, explicado por un componente inflacionario, principalmente. Las  cadenas  agroalimentarias  aportaron  el  10,4%  del total del PBI, equivalente a $ 840.035 millones. Este aporte se puede sub-dividir en dos grandes eslabones: el sector primario (PP) y la industria manufacturera de origen agropecuario (MOA), que aportaron el 6,3% y 4,1%, respectivamente.

En lo que respecta al año 2015, el aporte  de  las  cadenas agroalimentarias sobre P BI creció en  1,4 puntos porcentuales, siendo que la industria manufacturera de origen agropecuario mantuvo constante su aporte sobre el PBI,  mientras que el  sector primario fue el que presentó  un crecimiento en su participación.

Esta participación que alcanza el 10,4% refleja que 1 de cada 10 pesos del Producto Bruto Interno lo generan las cadenas agroalimentarias.

Aporte tributario

Para el año 2016, Argentina tuvo una recaudación tributaria de  $  2.273.047  millones.  Para medir el aporte tributario de las cadenas agroalimentarias, se seleccionaron un conjunto de impuestos representativos, aunque las cadenas pueden  estar  tributando  sobre  otros  impuestos vigentes, se seleccionaron aquellos que pueden estimarse o están disponibles por actividad. Este conjunto de impuestos son: Ganancias, Ganancia Mínima Presunta, Seguridad Social (CSS), Derechos de Exportación (DEX), IVA e impuesto a los Créditos y Débitos (ICDB). En base al conjunto de impuestos seleccionados la recaudación tributaria nacional equivale a $ 1.946.502 millones.

Los impuestos seleccionados indican que las cadenas agroalimentarias aportaron $ 208.883 millones17, de los cuales $ 84.445 millones fueron aportados por el  sector  agropecuario  primario y $124.438 millones por la industria agroalimentaria.  Sobre  la recaudación  nacional, las cadenas agroalimentarias aportaron el 9,2%, pero asciende al 10,7% si solo se consideran la recaudación de los impuestos que fueron medidos para las cadenas agroalimentarias.

El mayor aporte, pese a la eliminación de Derechos de Exportación (DEX) para algunas producciones primarias, siguen siendo los DEX, seguidos por IVA, que en conjunto explican el 58,7% de los tributos de las cadenas agroalimentarias.

Si miramos comparativamente con 2015, el aporte de las cadenas creció un 24%. Si sub- dividimos, las MOA presentaron mayor crecimiento en cuanto al aporte tributario, siendo del 29%, en contraposición al 18% de PP.

Este aporte tributario representa el  10,4%  de  la recaudación  tributaria nacional (AFIP)  en base a los impuestos seleccionados, es decir que 1 de cada 10 pesos recaudados provienen de las cadenas agroalimentarias.

Exportaciones

La producción de las cadenas agroalimentarias, desde los cereales, oleaginosas y frutas, hortalizas y legumbres, producidos en el campo argentino hasta las producciones industriales que le agregan valor a las producciones primarias, tienen como destino el mercado interno y externo.

Para el año 2016, las cadenas agroalimentarias aportaron 7de cada 10 dólares en concepto de ingreso de divisas por exportación, equivalente a USD 38.019 millones, el 66% del total de divisas por exportación, de los cuáles USD 14.677  millones  corresponden  a  productos primarios, mientras que USD 23.342 millones fueron explicados por exportaciones de manufacturas de origen agropecuario.

La importancia de las exportaciones de las cadenas agroalimentarias viene  explicada,  no solo  por el aporte total de divisas, sino por su contribución a la balanza comercial. Para el año 2016, Argentina presentó una balanza comercial con superávit de USD  2.124  millones,  explicado dicho saldo exclusivamente por las exportaciones de las cadenas agroalimentarias.

Si analizamos por grandes rubros, las exportaciones del agro generaron el mayor ingreso de divisas, seguido por el rubro química, minería y conexos que, sin embargo, son los mayores importadores, por lo que su balanza comercial es deficitaria. Si analizamos las balanzas comerciales de todos los rubros, todas ellas, salvo las cadenas agroalimentarias,  presentan déficit. Es decir, que las importaciones netas del resto de los sectores se compensan con el superávit del agro.

En comparación con el año 2015, los volúmenes de MOA se mantuvieron constantes, mientras que los productos primarios se vieron incrementados en un  17%,  explicando el  mayor aporte  de las cadenas agroalimentarias a las exportaciones totales18, siendo que estas últimas solo se incrementaron en un 2%. Al mismo tiempo, las exportaciones de otros  sectores, particularmente transporte, se vieron reducidas, por lo que las cadenas agroalimentarias explicaron un mayor porcentaje de las exportaciones totales.

En términos comparativos, también es posible evaluar que sucedió con el valor de las exportaciones de las cadenas agroalimentarias a lo largo del  tiempo, es decir,  analizar el  valor en dólares por tonelada exportad

Como puede observarse en el gráfico anterior, el valor por tonelada de las exportaciones del agro ha comenzado desde 2013 a tener una tendencia  decreciente  alcanzando  en  2016  un valor de USD 394 por tonelada exportada, valores similares a los de hace 10 años (2007: 356USD/Tn), esto es consecuencia, principalmente, de la caída de los  precios  de  los productos de exportación agropecuarios.

A modo de ejemplo, consideramos el año 2016. Si comparamos por  rubro,  las  PP  tenían  un valor de USD 284 tonelada, mientras que las MOA arrojaban un valor 1,8 veces mayor, de USD 522 tonelada. Esta situación se explica por varios factores. Primero, que las exportaciones  del agro se basan principalmente en volumen y no en precio, más que nada en el caso de la PP. Sumado, las principales exportaciones del agro provienen de cereales  y  oleaginosas  sin agregado de valor, los cuales poseen el menor valor por tonelada exportado. En 2016, los cereales arrojaron un valor de USD 178 por tonelada y las oleaginosas USD 393 por tonelada, muy inferiores a otros rubros dentro de las producciones primarias y más aún s i se comparan  con las MOA.

Los cereales y oleaginosos representaron para 2016, el  51%  de  las  toneladas  exportadas por  las cadenas agroalimentarias, por lo que se deja en  el 49%  restante la importancia del valor de las exportaciones. Si dejamos fuera de  consideración estos  productos  (cereales  y oleaginosas), el valor por tonelada de las cadenas agroalimentarias asciende a USD 572.

Conclusión

Por tercer año consecutivo FADA mide el aporte social y económico de las cadenas agroalimentarias. La evolución de estos indicadores es relevante para dimensionar el desenvolvimiento del campo argentino, y con ello, la generación de empleo, el  agregado  de valor, la capacidad del país de alimentar a su población y de producir alimentos para colocarlos en el mercado internacional, generar ingreso de divisas y aportar en materia tributaria.

Estos indicadores cuantifican la contribución económica y social del campo  al  desarrollo  del país, poniendo de relieve que es uno de los sectores más competitivos, generador de empleo y principal exportador, además de una importante fuente de recursos tributarios para las arcas públicas.

Pero este aporte podría ser aún mayor ya que el  campo  argentino  todavía  tiene  mucho potencial por explotar. Incrementos de productividad en la agricultura pampeana, crecimiento de la producción lechera, aumento del stock, la faena y el peso en la ganadería bovina, oportunidades de seguir creciendo en la actividad porcina y potencialidades en todas las economías regionales, con cambios varietales e inversiones. Así como la posibilidad de incrementar el valor agregado de la producción agropecuaria en todas las cadenas, desde las frutas a las bioenergías. Todas estas oportunidades permitirían generar más empleo, exportaciones, actividad económica y recaudación fiscal.

Sin embargo, hay obstáculos a superar desde la esfera  pública.  La  infraestructura  de transporte, desde los caminos rurales a las rutas y trenes, las obras para prevenir y disminuir el impacto de las inundaciones, la presión tributaria y un sistema administrativo-tributario altamente complejo. Todos estos ítems limitan el crecimiento y la  posibilidad  de generar empleo, no sólo del campo sino del país.

Al tiempo que hay problemas que resolver desde el ámbito público, también hay temas para trabajar hacia dentro de las cadenas agroalimentarias. Producir con mejores prácticas productivas y ambientales probablemente sea la mayor demanda social, pero también está la necesidad de mejorar la formalidad de distintas actividades y del empleo, así como mejorar la coordinación y el consenso hacia adentro de las cadenas, y la participación responsable de los actores del campo argentino.

Fuente. FADA


agricultura extensiva genera el 35% del empleo, conformada por las cadenas de soja, maíz trigo, girasol y otros granos. Las cadenas cárnicas, por su parte, generan un 23% del empleo generado por el campo argentino. La cadena láctea, en particular, genera el 9%. En este esquema, también se suma la cadena de la maquinaria agrícola con un 1% del empleo.>

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