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Grandes Eventos Agropecuarios
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEn su primera jornada el CREAtech aportó las primeras ideas para experimentar el futuro
12/oct/2017

La primera jornada de hoy se desarrolló ante la presencia de 4.000 personas que escucharon contó con la disertación de referentes nacionales e internacionales



La primera jornada del encuentro tecnológico del Movimiento CREA que se desarrolla en el Estadio Orfeo de la ciudad de Córdoba, tuvo lugar en la víspera. La apertura estuvo a cargo del Presidente del CREAtech, Michael Dover y el Coordinador temático, Fernando García Furgoni quienes juntamente al Gobernador de la provincia de Córdoba, Juan Schiaretti protagonizaron el acto inaugural.

La jornada

  “Tenemos que generar oportunidades para los más jóvenes”

Destacada fue la exposición de Traci Houpapa, empresaria líder del sector agropecuario que gestiona unos 140 establecimientos en Nueva Zelanda, los cuales en conjunto suman alrededor de 500.000 hectáreas.

He aquí sus principales consideraciones:

“Vivimos en tiempo de cambios exponenciales donde la dinámica es lo continuo. Si no estamos en la máxima velocidad, vamos a quedarnos atrás”.


“Se nos pide por parte del planeta que pensemos de una manera más amigable y sostenible y también se nos pide a los consumidores ver de qué manera se pueden ofrecer más alimentos saludables”

El año pasado en Nueva Zelanda se realizó un estudio de campo que detectó que más del 80% de los jóvenes menores de 25 años de edad nunca habían tenido contacto con el sector agropecuario o empresas agroindustriales.


“Yo nací en un campo en Nueva Zelanda y todo lo sabíamos sobre la vida provenía de ese sector. Muchos de mis compatriotas vivieron esa experiencia. Y el impacto que eso generó en el sector agropecuario del país fue muy grande.

Huopapa indicó que comprometer a las nuevas generaciones en los desafíos presentes en el sector agroindustrial es uno de los principales desafíos presentes en Nueva Zelanda.

“Los que trabajamos en el sector tenemos que generar oportunidades para los más jóvenes, de manera tal que puedan desarrollarse profesionalmente en nuestro ámbito”.

 “Tenemos la obligación de gestionar los recursos que heredamos de nuestros padres: ese es uno de los mandatos de nuestra cultura aborigen que tiene miles de años. En el pueblo Maorí hay un dicho que dice ¿qué es lo más importante del mundo?. La gente, la gente y la gente”.

“Ustedes están reconstruyendo el país y se están reconectando con el resto de las naciones del mundo”.

“La pasión, la valentía y la integridad van a garantizar que ustedes, como argentinos, lleguen a liderar un país, así como nosotros lo hacemos en Nueva Zelanda. Es importante tanto para ustedes como para el mundo en su totalidad que puedan lograrlo”.

Houpapa dijo que están implementando un plan en su nación para mejorar la sustentabilidad de las empresas agropecuarias.

“En los últimos cinco años hemos visto mejoras, gracias a ese programa, en la calidad del agua, y eso es algo que nos enorgullece”.

“El recurso hídrico es uno de los temas principales en la agenda del gobierno de Nueva Zelanda”.

“Vivimos tiempos de cambios y si decidimos no considerar eso como una oportunidad para mejorar, entonces lo mejor es hacernos a un lado para dejar el lugar a las nuevas generaciones”. 

        “Habría que pensar en una huella ambiental integrada”

 A su turno el investigador de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York, Walter Baethgen,

“En la actualidad muere más gente por mala alimentación que por falta de alimentos”. 

“Cerca de 800 millones de personas en el planeta se van a dormir cada noche con hambre. Pero conviven en el mundo con 2000 millones de personas que tienen sobrepeso, de las cuales la mitad son obesas, lo cual contribuye a incrementar la prevalencia de enfermedades como

diabetes o problemas cardíacos”.

A eso hay que sumar 2000 millones de personas que adquieren calorías suficientes, pero en una forma no equilibrada y eso, por ejemplo, hace que unas 300.000 madres mueran cada año durante el parto por falta de hierro.


“La conclusión es que no debemos vernos como simples productores de alimentos, sino como parte de un sistema alimentario integral. De esa manera, podremos capitalizar las oportunidades que nos depara el futuro”.

¿Cuáles son esas oportunidades? “Lo primero que hay que entender, es que el mundo está cada vez mejor y eso hace crecer exponencialmente la demanda de alimentos”.


“En 1850 la esperanza de vida en Europa era de 40 años. Hoy eso cambió en forma notoria.” “Para 1980 ya había aumentado drásticamente la calidad de vida en todo el mundo, incluso en China y la India. Y hoy, salvo algunos países africanos, la mayor parte del mundo tiene una calidad de vida mucho mayor de la que tenía hace cien años”.

“Se calcula que para 2030 habrá en el mundo 5000 millones de personas de clase media. Esto provocará grandes cambios, dado que el poder adquisitivo modifica la dieta. El gran ejemplo es China, país que aumentó siete veces su consumo de carne desde 1980”


Hasta poco tiempo atrás, las preocupaciones ecológicas preocupaban sólo a una minoría. Hoy la gran mayoría de la clase media está pendiente, en mayor o menos medida, de esas cuestiones. Cada vez se tiende más, por ejemplo, a la búsqueda de productos que, sin ser necesariamente orgánicos, requieran un menor uso de fitosanitarios. O a carnes de animales que no sean criados con antibióticos para aumentar de peso. Eso genera varios nichos de mercado.


Además del veganismo, crece el vegetarianismo flexible. Se trata de personas que buscan comer la menor cantidad posible de carne, sin privarse, cada tanto, de un asado o un buen churrasco.


Otra de las tendencias es la aparición de “ingredientes tabú”. Un caso emblemático es del gluten. Baethgen mencionó el caso de España, donde un 20% de productos se promocionan como libres de gluten, cuando en realidad la población celíaca representa apenas el 1%. Hay ciertos ingredientes que la gente opta por dejar de lado.


La huella de carbono y la huella de agua, según Baethgen, tendrán cada vez más peso en las decisiones de los consumidores. “Convendría integrar todo en una sola huella ambiental, que incluya otras variables, como la preservación medioambiental”, sugirió Baethgen. “Habría que pensar en una huella ambiental integrada, que nos permita manejar las nuevas oportunidades y nichos de mercado”.

  “El desafío es pasar de cuatro a cuarenta productos”

En la Argentina apenas cuatro productos explican el grueso del valor de la producción local: soja, trigo, maíz y carne bovina. Pero eso debe cambiar. Así lo indicó Osvaldo Salas, profesor titular en la Escuela de Biología de Arizona State University, durante una conferencia ofrecida en el CREATech que se está realizando entre hoy y mañana en la ciudad de Córdoba.

En EE.UU., al referirse a los feedlots explicó Sala, “La cantidad de cabezas de ganado bovino bajó drásticamente en los últimos años al tiempo que la producción de carne vacuna aumentó. “Eso se debe a la intensificación: la mayor parte de la producción ya no se hace en sistemas naturales”.

EE.UU. exporta anualmente cuatro millones de toneladas de fardos de heno, lo que se debe a la caída de la demanda interna de ese producto. “Se requiere menos recursos forrajeros, dado que hay menos cabezas de ganado. Al analizar la realidad Argentina, en cambio, se observa que la producción ganadera está mucho más pendiente de la oferta de forraje”.


Para sobrevivir la Argentina deberá pasar –según Salas– de cuatro a cuarenta productos. ¿Cuáles serán en el futuro esas nuevas alternativas? Una de ellas, que cada día cobra más importancia, explicó Sala, es el valor generado por los servicios eco-sistémicos.


Las cadenas de comercialización pagan más por aquellos productos que emiten menos dióxido de carbono. Los supermercados, por ejemplo, tienden a pagar un plus por ese tipo de alimentos, que a su vez se pueden cobrar más caros a ciertos consumidores.

“Las tendencias de los consumidores se terminan expresando a través de este incremento de valor de la producción ecológica”.

agropecuarios que desarrollan su actividad en forma sustentable. Eso representa una fuente de ingresos adicionales que, en algunos casos, puede ser muy importante. A los productores arroceros, por ejemplo, se les paga por sacar el agua 10 días antes de la fecha habitual porque, de esa manera, se reducen las emisiones de metano (un gas de efecto invernadero).

El uso de biodiesel y etanol, el turismo rural y la caza legal también son actividades que contribuyen a generar valor económico y cultural en el sector. “Hace 20 años, el productor ganadero vivía de los cheques que recibía por la venta de animales. Hoy recibe varios otros cheques, de distinta envergadura, pero todos suman. Los productores que sepan encontrar esos nuevos caminos serán los que tendrán establecimientos rentables en el futuro”, concluyó Salas.

“Si podemos copiar a la naturaleza vamos a poder usar una menor cantidad de insumos”

Bajo el lema “Si podemos copiar a la naturaleza vamos a poder usar una menor cantidad de insumos para producir” desarrolló su conferencia Ford Denison, investigador del Coollege of Biological Sciences de la Universidad de Minnesota, EE.UU., en el CREATech de Córdoba.

Denison indicó que el problema generado por el surgimiento o aparición de malezas y plagas resistentes tendrá una tendencia creciente.

“El desarrollo de cultivos tolerantes a dicamba es una solución de corto plazo para soluciones el problema de las malezas resistentes a glifosato, porque sabemos que aquellas malezas que ya son resistentes al glifosato no van a tardar en volverse resistentes al dicamba”

“Además, en EE.UU. ha habido en el último año muchos casos de cultivos no tolerantes a dicamba que resultaron dañados por aplicaciones de ese herbicida realizadas en cultivos vecinos de soja tolerante a dicamba, incluso en distancias de apenas 100 metros”.

El investigador estadounidense dijo que deberíamos estar tomando “ideas” de la propia naturaleza para generar soluciones que contribuyan a reducir la presión de malezas, plagas y enfermedades. Una de las alternativas, por ejemplo, es estudiar cuál es la mejor distribución de semillas en la siembra para brindar las menores oportunidades competitivas a las malezas. “No es una solución completa, pero contribuiría a reducir el uso de herbicidas”.

Denison expresó que incrementar la diversidad espacial y temporal de cultivos es un factor fundamental para reducir la presión de malezas, plagas y enfermedades. “Algunas plagas pueden adaptarse a ciclos bianuales, con lo cual eso debe ser tenido en cuenta al momento de diseñar rotaciones agrícolas”. “Si nadie cultivara maíz, las plagas del maíz se eliminarían en dos o tres años”.

“El manejo de plagas es regional: no es un problema que afecte a un solo campo. Se necesitan programas nacionales”.

Denison también indicó que la mayor diversidad biológica incorporada, por ejemplo, a través de diferentes combinaciones de cultivos de servicio puede contribuir a compensar la “exportación” de nutrientes que realizan los sistemas agrícolas actuales.



 Edición génica: el nuevo salto tecnológico que viene en camino

Esteban Hopp, referente internacional del INTA y profesor titular de Agrobiotecnología y Genómica en la UBA, fue otro de los calificados conferencistas presente de la primera jornada del CREATech.

“La edición génica produjo ya un salto tecnológico porque ahora se pueden editar, corregir y mejorar secuencias específicas de nucleótidos en el ADN de una manera más sencilla, precisa y económica”.


“La edición génica por medio de la técnica denominada Crispr-Cas9 permite obtener, en forma mejorada, los mismos productos que se obtenían por mutagénesis, pero con varias ventajas, porque las mutaciones no son al azar, sino dirigidas en forma específica”.

“Además, Crispr-Cas9 posibilita introducir cambios epigenéticos y nuevas secuencias de ADN específicamente diseñadas, lo que le permitirá mejorar lo que obtiene hasta ahora por transgénesis, en el sentido de que se puede planificar con precisión el sitio de localización de estas nuevas secuencias en el genoma y evitar la incorporación de secuencias acompañantes derivadas del sistema de transformación genética.”

Hopp indicó que muchas empresas están compitiendo para liberar cultivos genéticamente editados. Un ejemplo es el de los champiñones resistentes al amarronamiento. Los champiñones son muy sensibles a golpes y magulladuras que, incluso con embalajes especiales, activan enzimas llamadas fenoloxidasas que aceleran su descomposición (que empieza por un amarronamiento muy notorio que disuade al consumidor de su compra).

“Un investigador de la Universidad de Pensilvania editó los genes de fenoloxidasas de Agaricus bisporus, que es el hongo comestible más popular, logrando su inactivación. En lapsos inéditos para lo que son los tiempos para la desregulación de un OGM, estos hongos comestibles fueron autorizados para su liberación comercial en EE.UU.”

El caso de los champiñones no es siquiera novedoso en este sentido. Poco tiempo antes, la empresa norteamericana Cibus logró desregular también en poco tiempo una colza editada genéticamente para resistir a herbicidas como la sulfonilurea. En este caso, la edición se realizó por una tecnología anterior a CRISPR/Cas9, llamada RTDS y patentada por esa empresa.

“Estas nuevas tecnologías confiere a las pequeñas empresas biotecnológicas una capacidad potencial para manipular los genes que no se limita ya a las grandes compañías”. , apuntó el investigador argentino.

En la Argentina, si bien estamos aún lejos de que se desarrolle un producto comercial con la nueva CRISPR/Cas9, una investigación científica conjunta entre la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (grupo de Daniel Salamone) y el INTA Castelar (grupo de Oscar Taboga) permitió obtener embriones bovinos genéticamente editados para bloquear el gen responsable de gatillar la enfermedad popularmente conocida como “vaca loca”.

      Los excesos hídricos pueden gestionarse

La actualidad climática fue abordada por Ángel Menéndez, profesor de la Facultad de Ingeniería de la UBA y consultor independiente especializado en temas hídricos

“Los productores argentinos deben adaptarse y estar preparados para enfrentar situaciones extremas”.

Menéndez, planteó en el inicio de su charla las siguientes preguntas: ¿Los excedentes hídricos llegaron para quedarse? ¿Tienen que ver en este proceso el cambio climático, o el factor determinante es el uso del suelo? ¿Podemos hacer algo para controlar esta situación? ¿Hubo iniciativas exitosas en otros países?

Antes de responder esas preguntas, conviene repasar qué es lo que sabemos con certeza”.

La primera cuestión es un aumento del nivel de precipitaciones sobre las zonas húmedas de la Argentina con el consecuente impacto sobre las napas. “En 1960 se produjo un punto de quiebre; desde entonces está cayendo más agua en la zona húmeda”.  Agregando. También aumentó la frecuencia de precipitaciones extremas.

El investigador además dijo que la agriculturización influyó sobre los excedentes hídricos. “Aún si no hubiera habido un incremento de las precipitaciones, el cambio de uso de suelo habría generado situaciones comprometidas en algunas regiones”.

El investigador señaló que entre las acciones que se pueden hacer para mitigar los problemas generados por los excesos hídricos se pueden incluir las obras hidráulicas, cambios en el uso del suelo, gestión de pronósticos y adaptación a condiciones extremas.

“Con las obras se puede lograr que algunas zonas no se inunden o que se inunden menos ante ciertos eventos de magnitud pequeña o mediana, pero estas obras no pueden ser hechas en forma aislada: hace falta un plan maestro por cuenca”.

En cuanto al manejo de uso del suelo, la introducción de cultivos de servicio, rotación con pasturas o forestación puede contribuir a evitar crecimientos excesivos de los niveles de las napas freáticas.

El uso de pronósticos de mediano plazo para la toma de decisiones, según Menéndez, puede ser útil, pero exige una actualización periódica. “Y hay que considerar la heterogeneidad espacial; algunos productores vieron en su campo, en años de Niño, menos precipitaciones que en un año de Niña, porque la tendencia general no se refleja necesariamente en todos los campos”, aclaró Menéndez.

También apuntó que es aconsejable tomar medidas que permitan prepararse para situaciones complejas, como, por ejemplo, crear caminos internos que sigan siendo transitables en momentos de grandes excedentes de agua para no interrumpir las comunicaciones. “Lo ideal es adoptar medidas de no arrepentimiento, es decir, aquellas que son buenas independientemente de si el pronóstico negativo se cumple o no"

                  El campo puede generar mucha más energía

“Si en Santa Fe se pudieran procesaran los efluentes de tambos, criaderos de cerdos y feedlots para la generación de bionergía, se podría abastecer el 65% de la demanda energética de toda la provincia”. Así lo indicó Maximiliano Morrone, director Nacional de Promoción de Energías Renovables, durante el CREATech organizados por Aacrea

Morrone, quien integró un panel dedicado a las energías renovables, destacó que “más allá de la atractividad de su impacto positivo, las bioenergías permiten el tratamiento de los residuos de los procesos agropecuarios. Eso, su vez, permite el desarrollo regional, ya que se genera una economía circular alrededor de este tipo de tecnología”.

Dentro de las iniciativas oficiales, el funcionario destacó el Plan Renovar, que ya inició su segunda etapa, y que busca lograr que el 20% de la matriz energética nacional se abastezca en base a fuentes renovables.

“Todo esto redundará en un costo energético más accesible, que a su vez derivará en empresas agropecuarias más competitivas”.

“El potencial de la Argentina es enorme. Los recursos naturales, técnicos y humanos están. Lo que hace falta es un marco regulatorio. En eso estamos trabajando”.

Durante el panel, se mostraron los logros de dos emprendimientos llevados a cabo en Córdoba. Uno de ellos está a cargo de Luis Picat, presidente de la Sociedad Rural de Jesús María, quien comentó su experiencia con la utilización de biodigestores.

Un biodigestor es un contenedor cerrado, hermético e impermeable, dentro del cual se deposita materia orgánica, la cual, al degradarse, genera gas metano (o biogás) y un subproducto líquido que se puede utilizar como fertilizante, ya que es rico en nitrógeno, fósforo y potasio.

Picat posee un criadero porcino que funciona desde el 2006 y que hoy cuenta con unas 1000 madres. Tras analizar varias experiencias internacionales, en enero de este año tomó la decisión de iniciar la construcción de un biodigestor para canalizar productivamente todos los desechos.

“Hoy el 70% de la energía que se consume dentro de la granja la podemos abastecer a través de ese aparato”.

“Así, logramos tener una tecnología igual a la alemana, pero made in Argentina”.

“Nuestra idea es trasladar esa tecnología a otros productores para que la copien, ya que genera valor agregado, favorece el desarrollo de mano de obra especializada y optimiza el impacto ambiental. Nuestro objetivo es llegar a generar 180 kilowats por hora, utilizando sólo los residuos generados por nuestra granja”. 

El otro caso analizado fue el de Víctor Giordana, productor agropecuario, miembro fundador del CREA Monte Buey-Inriville y presidente del Grupo VG S.A. En su establecimiento, ubicado al norte de Jesús María, instaló una pequeña planta industrial, desarrollada por Porta Hnos, que procesa 40 toneladas de maíz por día para obtener etanol (el cual es adquirido por Porta Hnos) y burlanda (que se emplea en el feedlot de VG). “Se trata de un proyecto que usa tecnología nacional y que agrega valor en origen”, explicó el empresario, que también tiene una explotación olivícola en Chilecito, La Rioja. “Nuestro feedlot experimentó un cambio notable. Integrar agricultura, ganadería y producción de energía en un mismo campo fue toda una aventura”, destacó. A la hora de hablar de números, Giordana explicó que la inversión en la mini-planta elaboradora de etanol se acerca a los 3,5 millones de dólares (sin contar el feedlot).

La planta de Jesús María fue desarrollada en gran parte con tecnología nacional. Funciona las 24 horas y es manejada por un operario por turno. “Hoy, el negocio del etanol está en manos de unas pocas empresas. Sería bueno que se distribuyera en manos de muchos productores, diseminados en todo el país”, expresó Giordana.

·       “Miramos los cambios que se están dando como una oportunidad”

Así lo indicó Javier Lozada, secretario general para Cono Sur de Danone, durante su conferencia ofrecida en el CREATech.

“La tecnología nos brinda conectividad: tenemos 100.000 empleados en el mundo y todos podemos estar integrados de una manera que nos permite innovar de manera conjunta; eso es inteligencia colectiva”.

“Trabajamos con Big Data (análisis estadísticos de grandes volúmenes de datos) para entender mejor cómo es la relación entre adultos y mil teneos necesidades e intereses diferentes y de alguna manera se tiene que conjugar”.

“El mundo va camino a tener más de 9000 millones de habitantes y eso implicará un desafío en términos alimentarios. Tenemos que asumir ese desafío de una manera consciente en lo social y lo ambiental”.

“Tenemos que reconectar a los alimentos con la naturaleza y las personas. Los consumidores quieren más información sobre la elaboración de los productos”.

Lozada remarcó que la unidad de negocios de agua mineral de la empresa está empleando botellas de PET recicladas por cooperativas integradas por recuperados urbanos. “Eso generó un círculo virtuoso: ayudamos a las cooperativas para que trabajen mejor y de una manera formal”.

“Nuestro CEO Global, Emmanuel Faber, dice que la economía sin desarrollo social es la barbarie y tener desarrollo social sin economía es una utopía”.

·       La carne cultivada no es carne: además necesita hormonas y antibióticos para poder ser elaborada

“Hablan de carne sintética, pero en realidad se trata de células musculares; se apropian del término carne porque se trata de un alimento que es bien visto por muchos consumidores”.

Así lo indicó el investigador del INTA Balcarce, Enrique Pavan , en referencia a los alimentos elaborados con células de carne cultivadas que están siendo desarrollados por la empresa holandesa MosaMeat.

Pavan recordó que una hamburguesa, a diferencia de un bife, es un alimento procesado. Y que una hamburguesa elaborada en base a células musculares constituye un producto que, además de ser procesado, es artificial.

“El precio de este alimento artificial, si bien viene bajando, es mucho más caro que el de carne bovina natural. Además, habrá que ver cuál es la percepción de los consumidores cuando se enteren de las hormonas artificiales y antibióticos que son necesarios para poder elaborar una hamburguesa artificial”, alertó.

El investigador del INTA además dijo que la “carne cultivada” es tejido muscular al que le deben agregar grasa para darle sabor. “La carne natural tienen proporciones equilibradas de proteínas, grasa y minerales”.

“El desafío que tenemos ante la alternativa de los alimentos artificiales es fortalecernos ofreciendo alimentos que sean accesibles, seguros y sustentables”.

La carne aporta minerales y vitaminas. Pero también aminoácidos esenciales como el Omega 3 o ácido linoleico conjugado (CLA). “El desafío es reducir las grasas saturadas (un elemento perjudicial para la salud) y el aumentar el resto de los componentes beneficiosos para la salud. Y eso lo podemos hacer a través de la selección, el manejo, la nutrición o eventualmente la biotecnología”.

Pavan dijo además para catalogar a un alimento como bajo en grasas se requiere que el mismo tenga un componente de ese factor inferior al 4%. “Muchos bifes magros tienen niveles inferiores a esa cifra y, por lo tanto, podrían ser catalogados como bajo en grasas”.

“En calidad de carne un aspecto importante es reducir la variación y para eso es necesario conocer las variaciones que tenemos. La dispersión de grasa intramuscular, por ejemplo, es bastante elevada. Conociendo las variaciones, podremos definir estrategias para reducirlas”.

Pavan señaló que una alternativa para comenzar a unificar criterios de calidad sería implementar un nuevo sistema de tipificación similar al vigente en Australia (Meat Standards Australia), el cual se instrumentó en base a un estudio de campo realizado con 100.000 consumidores de nueve naciones que probaron 700.000 cortes diferentes de carne bovina y ovina para determinar cuáles resultaban los más apetecibles. Luego correlacionaron las preferencias de los consumidores con las características de las medias reses de las cuales proveían tales cortes para desarrollar un sistema que se emplea para premiar a los ganaderos que producen la hacienda más valorada por los consumidores. El sistema –que es voluntario– permite que los cortes derivados de esas medias reses lleven un sello de calidad normatizado.

En lo que respecta al impacto climático, Pavan indicó que la evaluación de la huella de carbono de la ganadería debería hacerse de manera integral, incluyendo todos los productos que se generan a partir de un novillo, tales como proteínas animales, cuero, sebo, huesos y sangre. “No es solo carne lo que se obtiene en ganadería”, concluyó.

·       El futuro de la robótica agropecuaria ya está aquí

Salah Sukkarieh, profesor de Robótica y Sistemas Inteligentes de la Universidad de Sidney, Australia y Director de Investigación e Innovación del Centro Australiano de Robótica de Campo, también expuso en la del CREATech, que tiene lugar en el Orfeo de Córdoba. Durante su exposición dejó importantes apreciaciones.

“Los robots capaces de monitorear y controlar a rodeos pecuarios en forma autónoma ya son una realidad, pero representan apenas una ínfima parte de las aplicaciones de la robótica y la inteligencia artificial que se pueden aplicar en el sector agropecuario”.

Australia tiene motivos para favorecer el desarrollo de la robótica agropecuaria, señaló el disertante. Se trata de un país de enormes dimensiones y una densidad de población de 3 habitantes por kilómetro cuadrado (versus 15 de la Argentina).

La población agrícola envejece: el productor promedio tiene entre 50 y 60 años. Y no hay una renovación: los jóvenes se van a las ciudades y no vuelven. Eso genera un encarecimiento de la mano de obra calificada. “La robótica se presentó como una solución potencial a esos problemas”.

Robots para árboles frutales. Se desarrollaron robots equipados con distintos tipos de sensores, que permiten detectar la densidad de frutos de cada árbol. Así, se puede determinar por qué alguno rinde más que otro, y establecer correlaciones.

Robots para cultivos en surcos. Al primero se lo apodó Lady Bird. Es un prototipo que funciona con energía solar, que le otorga siete horas de autonomía (que pueden llegar a doce en un día soleado). Por medio de lásers, cámaras y sensores infrarrojos, puede detectar la presencia de malezas. Un brazo mecánico, a su vez, es capaz de aplicar con precisión absoluta herbicidas o fungicidas. En las plantaciones de lechuga, Lady Bird permite detectar la edad de cada planta; analizar los rindes y remover las malezas, si se prefiere, con un brazo mecánico.

Robots para pastoreo. “El primero lo llamamos Swagbot. Al principio se acercaba a las vacas, y las mismas se asustaban. Pero con el tiempo se fueron acostumbrando”, dijo el disertante. “Llegó un momento en que las vacas seguían al robot, con lo cual él se encargaba de llevarlas hacia las zonas de pasturas”.

“En definitiva, las posibilidades son múltiples, y todas estas tecnologías recién se están iniciando”, concluyó Sukkarieh.

Alejandro Repetto, ingeniero y especialista en criptografía, quien actualmente se dedica a la creación de robots para las fuerzas armadas argentinas y para el sector agropecuario, dijo que “muchos de ustedes creen que los robots agropecuarios todavía están muy lejos de ser aplicados en nuestro país, pero están más cerca de lo que ustedes creen: hace veinte años para tener un robot había que pensar en Estados Unidos, Alemania o Japón. Hoy gracias a varias tecnologías de crecimiento exponencial, todo es más sencillo”.

Repetto recibió una beca del Ejército argentino para desarrollar un robot autónomo de exploración. Según su relato, paralelamente se le acercaron futuros funcionarios del de Agricultura y empresarios CREA, preocupados por las malezas. ¿Se podría construir un robot desmalezador? “Allí comprendí que la robotización en el agro y en las fuerzas armadas tienen aspectos comunes: hay problemas de terreno, problemas de comunicación y problemas de suministro de energía”.

Al pensar en el desmalezado, la primera pregunta que surgió al equipo de Repetto fue: ¿conviene hacer un solo robot grande, o varios más pequeños, capaces de interactuar? “Esto nos dio la idea de generar lo que se llama inteligencia de panal. Varias unidades pequeñas que actúan como una marabunta de hormigas, que avanzan por el campo arrasando con todo salvo la soja”, explicó. El proyecto ya está en marcha.

“Los robots-hormigas no podrán actuar sobre campos enteros, porque son muy extensos. Pero se les podrá suministrar información satelital u obtenida a partir de drones, que les permitirá operar selectivamente donde hay problemas de malezas”, explicó Repetto. El futuro ya llegó. El tiempo dirá cuál es el límite.

Fuente: Prensa CREA

 Esteban Hopp

 Osvaldo Salas

 Traci Houpapa

 

 

 

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